jueves, 16 de febrero de 2017

CAPITULO 57 (PRIMERA HISTORIA)





A las ocho, con el temporal reducido a una caprichosa nevisca, Pau se instaló en la cocina con sus amigas para devorar un cuenco del estofado de buey de la señora Grady.


-¿Cuándo volverá a casa?-preguntó-. No estamos quedando sin provisiones


-A primeros de abril -comentó Carla-. Como siempre. Saldremos adelante. Y mañana, también. Acabo de hablar con una novia feliz y un poco borracha. Se lo están pasando muy bien. Tienen un karaoke.


-Hemos rastrillado; el parte dice que mañana estará despejado, con una máxima de tres grados. El viento ya ha empezado a amainar. El pastel esta en la nevera y es un prodigio de belleza.


Emma asintió a Laura


-Las flores también.


-Los muchachos llegaran a primera hora de la mañana para limpiar el camino, el pórtico y las terrazas- agregó Carla- O sea, que eso ya podemos tacharlo de la lista.


-Gracias a Dios –dijo Emma aliviada.


-El PDNA hara fotos esta noche durante la fiesta del ensayo con su digital de bolsillo. Las combinaré y las montaré de manera divertida en el pequeño álbum que regalaremos a la novia. Y ahora- Pau se levantó con esfuerzo-. Me voy a casa, a meter este cuerpo dolorido dentro de una bañera caliente.


Se marcho a su casa bajo la nevisca y acompañada por el resplandor de las farolas del sendero. La escena le hizo pensar en Pedro, en el día en que le propuso caminar sobre la nieve en lugar de hundirse.


Lo llamarla. Se zambulliría en un baño caliente, con una copa de vino, unas velas encendidas… y Pedro al otro lado del teléfono. Se pregunto como reaccionaria el ante el sexo telefónico y estallo en carcajadas. Nunca dejaba de sorprenderla. Seguro que debía de ser todo un campeón en sexo telefónico.


Entro en la casa, atenta al silencio. Le gustaba la tranquilidad, su propio espacio. Era curioso que se sintiera cómoda además, estando él allí. Era como si ese espacio les perteneciera a los dos. El silencio y el espacio de ambos


Un extraño pensamiento


Mientras se quitaba el abrigo se quedo mirando la foto que había colocado en su zona de trabajo. Quizá aquello no era tan extraño. El encuadre en que aparecían los dos juntos era precioso.


<<Estamos en un buen momento», pensó Pau subiendo al dormitorio. Sin seguir un modelo, no exactamente, viviendo…en ese espacio agradable y cómodo. En una especie de orden y fluidez.


Entró en su cuarto y lanzó al armario las botas de vestir que, en definitiva, no había necesitado. Se quitó los pendientes y los dejó encima del tocador


Entonces se detuvo en seco, suspirando hondo y mirando alrededor. Esa mañana no había hecho la cama. La ropa había quedado tirada encima de una butaca. Y también los calcetines. Su hermoso armario… No es que fuera un desastre, pensó, pero ¿por qué había puesto la blusa gris con las blancas? Y la falda negra tenia que ir en el lado de las faldas, no en el de las chaquetas.


Y esa chaqueta era de Pedro.


Había vuelto a las antiguas costumbres, pensó disgustada.


Tenia un lugar para cada cosa, ¿por que no podía meterlo todo en sus sitio? Controlar su espacio, sus cosas, sus…


Era la vida, pensó.


Porque ella era un desastre, lo reconocía, pero así era la vida. La chaqueta de Pedro colgaba entre las suyas, ¿y qué más daba?


Los calcetines se perdían, las sabanas se arrugaban. Su madre era una egoísta y su padre, un descuidado.


Y a veces nevaba durante el ensayo de una boda


¿Que había dicho Carla?


Algunas cosas en la vida quedan fuera de nuestro control.


De cada uno dependía convertirlo en una fiesta o en una tragedia


O bien podías negarte a dar el siguiente paso. podías negarte a aceptar lo que mas querías porque tenias miedo de perderlo algún día, pensó.


Pau bajó corriendo la escalera y cogió la foto.


-Él apareció- dijo con voz queda mientras contemplaba la imagen enmarcada de los dos-. Apareció en mi vida, y todo cambio.


Alzó la vista y vio la foto de tres niñas bajo un arco de rosas bancas. Y una mariposa azul sobre un ramo de violetas silvestres y dientes de león.


Con una exclamación ahogada se llevó una mano al pecho. 


Claro. Por supuesto. Estaba absolutamente claro, solo con mirarlo.


-Dios mío, ¿a qué estoy esperando?




   

CAPITULO 56 (PRIMERA HISTORIA)





A ultima hora de la mañana había empezado a nevar y a mediodía, desde las ventanas del estudio, se podía contemplar la blanca tempestad que caía. La nieve, espesa y rápida, iba borrando las huellas del breve deshielo de finales de febrero. Marzo llegaba clavando sus colmillos y dando zarpazos como los leones, pensó Pau.


La nieve que caía en un remolino constante y el ulular del viento que arreciaba con furia le hicieron desear arrebujarse bajo una manta con un libro y un tazón de chocolate caliente a mano. El inconveniente era que tenían un ensayo programado para las cinco. Por lo que parecía, la novia controladora y pelmaza no había podido imponer su voluntad a la Madre Naturaleza.


Sabiéndose al dedillo el simulacro que tenían para esas circunstancias, Pau preparó las prendas protectoras que debía ponerse ella, y poner al equipo, para ir caminando hasta la casa principal. Guardó sus notas, abrió un cajón para sacar unas tarjetas de memoria de recambio... y encontró la foto en la que aparecía con Pedro. Estaba al lado de la que quería regalarle a él, envuelta ya en su caja.


-Todavía tengo que entregar la tercera parte -dijo en voz alta. Para quedarse satisfecha, puso la foto que quería quedarse encima de su mesa de trabajo-. Como recordatorio.


Subió al piso de arriba a vestirse para el ensayo y tuvo que salir como una flecha para coger el teléfono.


-Eh, profesor. ¿Por dónde andas?


-Estoy en casa. Han cancelado las clases de la tarde. Hace un tiempo de perros. He venido a recoger unas cosas y llevarme al gato. No quiero dejarlo solo por si no puedo regresar mañana.


-No salgas. -Pau se acercó a la ventana y vio que unas rachas violentas de viento azotaban los árboles haciendo que se estremecieran-. No vuelvas a salir con este tiempo. Quédate en casa... calentito y a salvo, que no tenga que preocuparme porque estás en la carretera. De todos modos, estoy preparándome para ir en plan trekking hasta la casa principal. Tenemos un ensayo a las cinco.


-¿Con este temporal?


-Tenemos planes para casos de emergencia con el ritual incluido del sacrificio de un pollo.


-Podría ayudaros, menos en lo del pollo.


-Sí, o podrías terminar en un ventisquero o patinando y estrellándote contra un árbol. Lo único que tengo que hacer es caminar unos cuantos metros. -Pau, todavía al teléfono, se puso a revolver la ropa hasta que eligió unos recios pantalones de pana y un jersey de cuello alto-. Carla ya debe de tener al teléfono al director del Servicio Nacional Meteorológico.


-Bromeas.


-No, solo exagero un poco. -Se sentó para quitarse los calcetines gruesos que utilizaba para andar por casa y, encajándose el teléfono en el hombro, se bajó los pantalones de franela-. Haremos un ensayo vía telefónica si es necesario, o virtual si el cliente tiene un buen ordenador. Quitaremos la nieve a paletadas, abriremos senderos y limpiaremos el terreno. Ya lo hemos hecho otras veces. Si no nos lo impide una auténtica ventisca, mañana celebraremos una boda. Quizá podrías ser mi pareja. Y traerte al gato. De esta manera, los dos podríais quedaros a pasar el fin de semana.


-Allí estaremos. Preferiría estar contigo esta noche que aquí corrigiendo exámenes.


Pau se puso los pantalones y tiró de ellos para subírselos.


-Yo preferiría estar contigo que tener que tratar con una novia histérica y controladora.


-Creo que me ganas. No cojas frío. Si quieres, llámame luego, cuando hayas terminado. Podrías contarme cómo te ha ido.


-Te llamaré. Ah, espera. Entre los exámenes que vas a corregir, ¿está el de Gabriel?


-De hecho, sí.


-Espero que saque un sobresaliente. Hasta mañana.


Pau colgó el teléfono, se quitó la sudadera y se puso el jersey. Luego cogió el maletín del maquillaje y un par de botas de vestir por si la novia insistía en desafiar a los elementos.


Cinco minutos después caminaba por la nieve inclinada hacia delante para vencer la helada ventolera. Se necesitaría un milagro, pensó, si no amainaba durante las próximas horas. E incluso con un milagro, se dispararía la tasa de desgaste entre los invitados. Tendría que echar mano de su habilidad para conseguir unas fotos para la clienta en las que la novia estuviera radiante.


O quizá recurrir al alcohol.


Al llegar a la casa principal, lo metió todo dentro del cuarto de los abrigos y pateó el suelo para quitarse la nieve. 


Comprobó si había alguien en la cocina de Laura y vio a su amiga untando con un fondant rosa claro la parte central de un pastel de tres pisos.


-Espera. Tengo abajo el pastel de marquetería con el glaseado blanco, las flores rosa y lavanda y las figuritas tradicionales de los novios para poner encima.


-Ha cambiado al rosa claro, plisado, con un ramillete de violetas encima. Supongo que no te llegó el orden del día, o es probable, y te lo digo sinceramente, que cuando ella se decidió por este pastel, yo no te lo enviara.


-No te preocupes. Ahora lo anoto. -Pau arrastró fuera el material y empezó a escribir-. ¿Cuántas veces te imaginas que cambió de novio antes de quedarse con el que va a casarse mañana?


-Tiemblo solo de pensarlo. Apuesto que de doce a dieciocho.


-Se admite la apuesta.


-Hecho. Me da mala espina esta novia -comentó Laura atacando el tercer piso-. Carla está hablando con ella desde que ha caído el primer copo de nieve. Emma está en su taller, arreglando las flores.


-¿Seguimos con la poma para la damita que llevará las flores?


-Por ahora. Mi misión era hacer un fondant que combinara con el color de las rosas. -Laura cogió el capullo que Emma le había dado y lo sostuvo al lado del fondant-. Creo que puedo decir: misión cumplida. Ahora ahueca el ala. Todavía me quedan por hacer un par de acres de pasta de azúcar rosa y blanco antes de que pueda montar esta criatura.


-Iré a ayudar a Carla.


Carla estaba echada en el suelo de su despacho, con los ojos cerrados, hablando por los auriculares con un tono reposado y pacificador.


-Ya lo sé, Whitney. Es muy injusto. Pero... no, no te echo la culpa, ni mucho menos. Yo me sentiría igual. Me siento igual que tú.-Carla abrió los ojos y miró a Pau. Luego volvió cerrarlos -. Estoy aquí para lo que necesites. Todas nosotras. Y tenemos unas cuantas ideas que podrían... ¡Whitney! Quiero que me dejes hablar. Escúchame. Calla y respira. Respira. Bien, ahora escucha lo que te digo. El tiempo queda fuera de nuestro control. Son cosas que pasan en la vida. Lo que cuenta es lo que hacemos, y una de las cosas que vas a hacer es casarte con el hombre que amas y empezar una hermosa vida con él. El tiempo no puede cambiar eso.


Pau, escuchando apenas, abrió el mueble bar y sacó una botella de agua fría para su amiga.


-No llores, cariño. Te diré lo que vamos a hacer. Vamos a preocuparnos del día de hoy. A las cinco, tendremos una conferencia por teléfono con Vince y contigo, con el padrino, los testigos y las damas de honor y con vuestros padres. Repasaremos todos los puntos programados para mañana. Espera, espera un momento. Primero, lo de hoy. Iremos paso a paso, tardemos lo que tardemos. Sé que estabas deseando ensayar la cena esta noche.- Carla, con los ojos cerrados, estuvo escuchando durante un rato- Si, Whitney, pero estoy de acuerdo con tu madre y con Vince. No vale la pena que os juguéis todos la vida en la carretera intentando llegar aquí o al restaurante. De todos modos, si estas de acuerdo, he organizado que una empleada del catering os prepare una cena maravillosa. Esta chica vive a un par de manzanas de vosotros. Os la traerá a casa y se encargara de móntalo todo. En tu mano está convertir eso en una fiesta, Whitney o en una tragedia. He hablado con tu madre y a ella le encanta la idea- Pau se agachó y puso la botella en la mano de Carla. Carla la cogió.


-Tu madre tendrá la casa llena y será la anfitriona de la fiesta de su hija. Cenaréis y tomaréis vino con la familia, los amigos…dormitareis un poco, a la lumbre de la chimenea….Tendrás una cena de ensayo única, personalizada y eso transforma este inconveniente en algo hermoso y divertido


-Eres la mejor -susurró Pau.


Carla volvió a mirarla y puso los ojos en blanco.


-Muy bien. Deja que sea yo quien se preocupe de mañana. Te prometo que de una manera u otra, haremos que tu día sea maravilloso. Y lo más importante de todo será que te casas con Vince. Ahora quiero que te relajes, que te diviertas. Vamos a divertirnos con todo esto. Te llamare mas tarde. Sí. Te lo prometo. Ve a ayudar a tu madre. -Carla se quitó los auriculares-. ¡Caray con la chica!


-Apuesto a que ya no le preocupa la poma.


-No está demasiado ocupada maldiciendo a los dioses.-Carla se incorporó, abrió la botella y dio un trago largo- No la culpo por estar enfadada. ¿Quien no lo estaría? Pero una boda en invierno significa que existe la posibilidad de que nieve. Es marzo y estamos en Connecticut, oído al parche. Pero para su mentalidad, la nieve es un insulto personal destinado a arruinarle la vida. De doce a dieciocho.


-Mensaje recibido.


-Tenemos que rastrillar el camino de entrada y el aparcamiento, y limpiar los senderos, los porches y las terrazas.- Carla bebió de nuevo e hizo lo que había aconsejado a Whitney, respirar-. El personal de carreteras ha salido. Tendremos que confiar en que hagan su parte.


-¿Y los vehículos?


-Cambiaremos la empresa de limusinas por los todoterrenos Hummer. El novio esta deseando librarse de la limusina y cargar al padrino y los testigos en su monovolumen. He hablado con todos los ayudantes. No habrá problema.


-Entonces vale mas que vaya a por una pala.







CAPITULO 55 (PRIMERA HISTORIA)





Pedro entró en el estudio de Pau con una gran pizza y el paso ligero. Ella estaba sentada en el sofá y apoyaba los pies sobre la mesa de centro.


-Pizza -dijo él entrando en la cocina para dejarla sobre la mesa-. Sabía que tenías una sesión de fotos esta tarde y yo un maletín a rebosar de trabajos para corregir, por eso he pensando en comprar una pizza. Además, es una comida festiva. He tenido muy buen día.


Pau gruñó un poco y Pedro se acercó a ella preocupado.


-¿Estás bien?


-Sí. Más o menos. Así que hay pizza... Tengo casi cuatro litros de helado en el estómago. Puede que el doble.


-Helado -repitió Pedro sentándose encima de la mesita-. ¿Habéis hecho una fiesta?


-No. Quizá. Supongo que depende de lo que entiendas por fiesta. Cuéntame por qué te ha ido tan bien el día.


Pedro se levantó de un salto para darle un beso y luego volvió a sentarse.


-Hola, Paula.


-Hola, Pedro. Menuda sonrisa traes.


-Hoy he tenido uno de esos grandes momentos que para mi que te regala la vida. Tengo un alumno. Todo un desafío. Es de esos que se sientan, desconectan algún mecanismo de su cabeza y deambulan por todas partes menos por el aula.


-Ah, sí. Yo tenía ese mecanismo. Era muy práctico, sobre todo durante las clases sobre la guerra de la Independencia o los aranceles. Los aranceles me desconectaban el pensamiento de manera automática. ¿Tu alumno, el de los retos, se ha portado bien hoy?


-Se ha portado bien. Hemos encontrado otro interruptor, el que enciende el interés y las ideas. Se ve en los ojos, igual que el que desconecta.


-¿Ah, sí?


-Gabriel es de esa clase de alumnos que obliga a esforzarse a los profesores. Y cuando encontramos ese interruptor, es muy gratificante… Es el del notable del examen que corregí el día de San Valentín, o el día anterior. Pienso en ese día como en nuestro día de los Enamorados.


-Claro, ya me acuerdo. Bien por Gabriel.


-Su madre ha venido a verme hoy. La mayoría de las veces, cuando vienen a verte los padres, no es para hacerte un cumplido. En cambio, esa mujer ha venido a traerme un saco entero de cumplidos. Me ha dado las gracias.


-Te ha dado las gracias. -Pau inclinó la cabeza, picada por la curiosidad-. ¿Eso es el saco entero de cumplidos?


-Sí. No solo se trata de transmitir datos y teorías, o de poner deberes y puntuarlos. Se trata de.... encontrar el interruptor. Yo encontré el de Gabriel, y ella vino a darme las gracias. Veo que sonríes de oreja a oreja.


-Has cambiado una vida. Te dedicas a cambiar vidas.


-Yo no diría tanto.


-Lo digo en serio. Yo documento esas cosas, o al menos en parte. Y eso es importante, tiene un valor. Tú las cambias, y eso es asombroso. Voy a traerte un trozo de pizza, pizza que no voy a poder compartir contigo -dijo Pau levantándose-. Me sale el helado por las orejas.


-¿Por qué has tomado cuatro litros, o puede que el doble?


-Oh... -Pau se encogió de hombros mientras él la seguía hacia la cocina-. Avaricia.


-Me contaste que te tiras de cabeza al helado en momentos de tortura emocional.


Pau fue a coger un plato.


-A veces olvido lo bien que escuchas. Digamos que no he tenido un buen día. O puede que sí -añadió considerando las cosas-. Depende del cristal con que se mire.


-Cuéntamelo.


-No es importante. Y tienes la pizza Gabriel. ¿Quieres una copa de vino para acompañarla?


-Solo si te tomas tú una mientras me lo explicas. Podemos pasarnos un buen rato dándole vueltas al asunto o puedes ahorrarte tiempo y contármelo directamente.


-Tienes razón. Dando vueltas al tema le doy demasiada importancia, más de la que merece. -Otra mala costumbre que habría que cambiar, pensó-. Mi madre se casa otra vez.



-Oh. -Pedro observó su expresión mientras ella le servía el vino-. Y él no te gusta.


-No tengo ni idea. No lo conozco.


-Comprendo.


-No, no lo entiendes -lo interrumpió ella rozándole la mano-. No puedes entender que tu madre se case con alguien que tú no sabrías distinguir en una rueda de identificación. Dudo también que Eloisa lo conozca o que a Lourdes se le haya ocurrido que, como mínimo, nos lo tendría que presentar. En fin, la señora Chaves barra Meyers barra Barrington... Ostras, no sé cuál será el apellido a partir de ahora... Los miembros de la familia Chaves barra Meyers barra Barrington barra y el apellido que todavía no conocemos no cenan en familia. Por eso, conocer al marido de turno no es una prioridad.


-Siento que esto te afecte tanto.


-No sé si me afecta o no. Lo que no entiendo es por qué me sorprende. La última vez que vi a Lourdes fue cuando me llamó histérica a medianoche y cogí el coche en plena tormenta de nieve en la que no veía más allá de mis narices pensando que la habían violado, asaltado o yo qué sé.


-¿Qué? ¿Cuándo fue eso? -Pedro le cogió la mano-. ¿La hirieron?


-Oh, fue… esa noche que teníais la reunión de padres en la academia; y no, no la hirieron. Solo en el universo Lourdes. La encontré acurrucada en el suelo, <<muriéndose>> porque Ari, que es su nuevo prometido, tenía que tomar un avión a París por un asunto de negocios y no se la había llevado con él. Yo estaba a punto de llamar a la policía, a una ambulancia, y ella llorando a moco tendido por no haber ido a París. Di media vuelta y me marche. Merezco sacar nota, porque yo suelo arreglarlo calmándola, metiéndola en la cama y tragándome la rabia.


-¿Por qué no me habías dicho nada de todo esto?


-No lo sé. -Pau suspiró hondo y sacudió la cabeza-. De verdad que no lo sé. No era una escena madre-hija como para presumir de ella y supongo que intenté quitármelo de la cabeza. Me marche, y le dije que la próxima vez que me llamara no iría a verla. Le dije cosas muy duras y me marche.


-Era necesario que se las dijeras, y tenías que marcharte luego.


-Tienes razón, en las dos cosas. Hoy se presenta aquí con alas en los pies, vestida con sus nuevas pieles y un brillante gordo y cuadrado como una nevera, como si nada hubiera pasado. Qué me vas a contar a mí de encender y apagar interruptores… Me dice que se casa en junio. A Ari lo ha perdonado gracias a las pieles, al diamante y a que se le ha declarado. Ahora espera que nosotras le montemos la boda, cuando junio es como un desfile de novias en esta casa. Estamos al completo. Lourdes se pone como una moto. Y entonces decide atacar a Carla. Eso fue lo mejor. Carla le bajó los humos y le señaló la puerta. Luego vino lo del helado. -Pau tomó un sorbo de vino-. Tu día es mucho más bonito.


-Alguien tenía que decirle que lo tenéis todo lleno.


-No creas que se ha dado por enterada. Francamente, no creo que le haya entrado en la cabeza. Mi madre no ve nada más allá de sus propios caprichos. El resto no existe. La rabia, la sorpresa, incluso el dolor que siente cuando no consigue lo que se propone, son sinceros. Auténticos. Tiene la madurez emocional de la mosca de la fruta, cultivada por una madre que le consintió todos los caprichos y le hizo creer que era el centro del universo. Lourdes es el producto de todo esto.


-Eso no le da derecho a tratarte de esta manera.


-Sí se lo da. Puede hacer lo que le venga en gana. Soy yo la responsable de mis reacciones, y estoy trabajando en ello. Gabriel y yo vamos mejorando. Lourdes no consiguió lo que quería.


-Ese no es el quid de la cuestión, solo el resultado. Repetirá el ciclo. Volverá a herirte otra vez. Y cuando lo haga, se las tendrá que ver conmigo.


-Pedro, no hace falta que cargues con este lío. Es un detalle muy bonito por tu parte, pero…


-No es un detalle. Se las verá conmigo.


Pau recordó que había encajado un puñetazo de un borracho colérico.


-Sé que sabes arreglártelas solo, pero se trata de mi madre y eso es algo que tengo que hacer yo.


-El ADN que compartís no la convierte en tu madre.


Pau guardó silencio.


-No -dijo finalmente- En realidad, no.



CAPITULO 54 (PRIMERA HISTORIA)






Pedro metió un fajo de trabajos en su maletín, que se colaron en el compartimiento donde guardaba los exámenes y se mezclaron con ellos. «Mis deberes», se dijo. Se preguntó si los estudiantes eran conscientes de cuántos deberes se llevaban a casa cada día los profesores.


En la pizarra de atrás había escrito el enunciado de los trabajos que leería esa noche: «Analiza y compara las actitudes y la filosofía de Rosalinda y Jaques sobre el amor y por qué crees que cada uno se aferra a ellas».


<< Lo optimista y lo pesimista. La melancolía y la alegría», pensó. Su objetivo al obligarles a estudiar en profundidad la obra había sido guiar a sus estudiantes bajo la apariencia de lo que podría parecer una comedia romántica intrascendente, llena de bromas y ocurrencias, hasta dar con las corrientes más profundas.


Y el objetivo de todo aquello, suponía, era hacer que los estudiantes pensaran.


-Perdone, ¿es el doctor Alfonso?


Pedro se volvió y vio a una mujer en la puerta.


-Sí. Dígame, ¿En qué puedo ayudarla?


-Me llamo Susana Byers y soy la madre de Gabriel.


-Encantado, señora Byers. Pase.


-Esperaba encontrarlo antes de que se marchara de la escuela. No le robaré demasiado tiempo.


-No se preocupe.


-No pude ir a la reunión de padres porque tenía la gripe. Quería asistir sobre todo para hablar con usted. Supongo que ya sabe que Gabriel no empezó demasiado bien el año pasado. Y este año tampoco ha estado muy brillante en el pistoletazo de salida.


-A mí me parece que ha progresado mucho, que está poniéndose al nivel que toca. Es listo. Su participación en clase va mucho más activa, y este último semestre han mejorado las notas de sus trabajos y también de los exámenes.


-Ya lo sé. Y esa es la razón por la que quería hablar con usted. Su padre y yo habíamos estado valorando si lo despuntábamos de la academia.


-Espero que no lo hagan. Gabriel…


-Lo estuvimos valorando -lo interrumpió la señora Byers-. Trabajamos con él, lo amenazamos, lo sobornamos e intentamos ponerle un profesor particular. Nada. Teníamos la sensación de que estábamos tirando el dinero con sus estudios. Hasta hace unos meses. Fue como si se le encendiera una lucecita. Habla de libros. Estudia en serio. Se decepcionó mucho cuando sacó un notable en el último examen que les puso usted. Me quedé sin habla durante diez minutos cuando me dijo, un poco acalorado, que sacaría un sobresaliente en el siguiente examen.


-Podría hacerlo. Tiene las aptitudes.


-Siempre está hablando de usted. El doctor Alfonso dice, el doctor Alfonso piensa... Sus notas en las demás clases van mejorando... no de manera espectacular, pero mejoran. Gracias a usted.


-Gracias a Gabriel.


-Usted lo animó para que se sintiera capaz. Para que lo consiguiera. Nos ha dicho que quiere elegir el curso que da usted eI año que viene sobre escritura creativa. Piensa que le gustaría ser escritor. -Se le humedecieron los ojos-. El año pasado aprobó por pelos y tuvimos una reunión con el tutor. Ahora habla de Shakespeare y dice que le gustaría ser escritor.


Parpadeó conteniendo las lágrimas mientras Pedro, sin palabras, seguía de pie frente a ella.


-El doctor Alfonso, según Gabriel, es demasiado guay para ser un chalado. Yo quería que usted supiera que haga lo que el chico haga se dedique a lo que se dedique en un futuro, nunca lo olvidará. Y quería darle las gracias.