lunes, 13 de febrero de 2017
CAPITULO 41 (PRIMERA HISTORIA)
Se sentía justiciera. Fuerte. Cuando terminó la sesión y hubo alambre de calibre veinte para Laura, decidió que se merecía unos zapatos nuevos. Quizá, considerando el trauma y la victoria de las últimas semanas, también se merecía unos pendientes
«Los pendientes, por lo de Lourdes -decidió Pau-. Los zapatos, por lo de Pedro. Una celebración y una lamentación.››
Tal vez podría pasarse por su piso de camino a casa.
Aprovechando que se sentía fuerte y justiciera. Ambos eran personas inteligentes que se gustaban. Podían encontrar una solución de compromiso, un término medio.
No quería perderlo. No quería pasar su vida sin Pedro.
Pau paseó por las galerías comerciales hasta que dio con el Santo Grial: la sección de calzado de Nordstrom.
Quizá también le faltaban unas botas nuevas. Una nunca tiene bastantes botas. Unos zapatos nuevos y unas botas nuevas le darían una mayor sensación de seguridad en sí misma, justo Io que necesitaba para ir a casa de Pedro.
Podía presentarse con una botella de vino, en son de paz. Hablarían, y él la miraría de esa manera tan especial.
«Parece que esté jugando a ser Lourdes -pensó Pau-. Llevo el coche de Laura.>>
De todos modos, podía ir a verlo, y llevarle el vino. Podía invitarlo a cenar. Sería un gesto divertido, una manera de romper el hielo. <<Mira, te he traído este vino. ¿Por qué no vienes a cenar esta noche y lo traes contigo?›› Claro que entonces tendría que detenerse a comprar comida preparada. O podía atacar las provisiones de la señora Grady.
<<No, no», pensó mientras elegía un par de botines azul eléctrico que parecían diseñados para ella. Tenía que cocinar, demostrarle que le importaba tanto que por eso se tomaba todas esas molestias. Él importaba. Todo importaba.
Por eso le fastidiaba tanto el asunto.
-Eres... Patricia, ¿verdad?
Pau se volvió y vio a una rubia que le sonaba vagamente familiar
-No, lo siento.
-¿No eres la fotógrafa de bodas?
-Sí, pero me llamo Paula. .
-¡Claro! Lo siento. Soy Stephanie Gorden. Nos conocimos en la boda de mi primo, el sábado pasado.
-Ah, sí. ¿Cómo estás? ,
-Rodeada de zapatos. Divinamente. ¡Que botas tan fantásticas! Corina y yo hemos hecho novillos esta tarde. ¡Corina, ven a conocer a Paula!
<<¡Qué mala suerte!», pensó Pau. ¿Cómo podía el destino ponerle en la mano aquellas botas fabulosas y darle una patada en el culo al mismo tiempo?
-Corina, te presento a Paula. Es fotógrafa de bodas y además muy, muy buena amiga de Pedro.
-¿Ah, sí?
Corina era perfecta. La patada en el culo se remataba con una bofetada.
Corina se deslizaba sobre unos exquisitos zapatos de salón rojos con la puntera abierta y su brillante pelo oscuro le caía sobre los hombros en románticos rizos. Sus ojos, profundos y sensuales, escrutaron a Pau mientras curvaba sus suaves y delicados labios en una fría sonrisa.
-Hola.
-¿Qué tal? Preciosos zapatos.
-Sí. Creo que voy a quedármelos.
Incluso su voz era perfecta, pensó con amargura Pau. Suave y un poco rota.
-¿Conoces a Pedro Alfonso?
-Sí. Fuimos juntos al instituto. Durante un tiempo.
-¿De verdad? -Con aire ausente, Corina eligió un par de sandalias de tacón fino y bajo-. Nunca me habló de ti. Y tuvimos una relación bastante larga.
-Corina y Pedro -dijo alegremente Stephanie-. Era casi una sola palabra. Qué gracia haber coincidido así contigo. Acababa de explicarle a Corina que había oído que Pedro estaba saliendo con alguien y que os había visto juntos en la boda de Brent.
-Qué curioso.
-¿Qué tal está Pedro? -preguntó Corina dejando de nuevo las sandalias-. ¿Todavía vive enterrado entre sus libros?
-Creo que de vez en cuando sale a tomar un poco el aire.
-No hace mucho que sales con él, ¿verdad?
-El suficiente, gracias.
-Vosotras dos deberíais cambiar impresiones -dijo Stephanie golpeando amistosamente con la cadera a su amiga-. Corina podría darte un montón de sugerencias sobre Pedro, Pau.
-Qué divertido. Pero me gusta descubrir las cosas por mi misma. Pedro es un hombre fascinante, increíble, demasiado complejo para cambiar cuatro impresiones sobre él. Perdonadme, he visto un par de zapatos con el talón abierto que parecen diseñados para mí.
Mientras Pau se dirigía al otro extremo de la sección, Stephanie arqueó las cejas.
-¿Increíble, Pedro? Debe de haber cambiado desde que lo dejaste, Cori. Tengo que decir que estaba bastante bueno cuando lo vi el sábado. Quizá habrías tenido que aguantar un poco más con él.
-¿Quién dice que no puedo recuperarlo si se me antoja?- insinuó Corina mirándose los zapatos de salón-. De hecho, puede que vaya a hacerle una visita con mis zapatos nuevos.
Stephanie se rió por lo bajo.
-Qué mala eres...
-Lo que pasa es que me aburro. -Corina torció el gesto mientras seguía con la mirada a Pau. Esas botas tendrían que haber sido para ella, pensó. Le quedarían infinitamente mejor que a aquella larguirucha con pelo de zanahoria y culo estrecho-. Además, ¿por qué debería quedarse ella con Pedro? Yo lo vi primero.
-Creía que Pedro te aburría.
-Eso era antes. -Corina, suspirando, se sentó y examinó un montículo de zapatos donde elegir-. El problema contigo,
Steph, es que estás casada. Has olvidado la emoción de la cacería, la competición, el resultado final.
Se quitó los zapatos de salón y se calzó unas sandalias de tacón de aguja en rosa metálico.
-Los hombres son como los zapatos. Has de probártelos y llevarlos durante un tiempo... mientras te favorezcan. Luego los metes en el armario y te vas a comprar unos nuevos.
Se puso en pie y se giró un poco para estudiarse en el espejo.
-Y de vez en cuando, recuperas algo del armario y te lo vuelves a probar para ver cómo te sienta.
Corina echó un vistazo alrededor y frunció el ceño cuando vio que Pau se estaba probando las botas azules.
-Pero jamás dejes que otra revuelva dentro de tu armario.
domingo, 12 de febrero de 2017
CAPITULO 40 (PRIMERA HISTORIA)
Ni Lourdes ni el coche aparecieron el lunes. El martes, cuando se le agotó la paciencia, Pau llamó a los teléfonos de su madre, al fijo y al móvil, pero la llamada fue a parar directamente al buzón de voz.
El miércoles se planteó seriamente poner una denuncia por robo. Pero luego le tocaría pagar la fianza para sacar a su madre de la cárcel.
Por eso decidió que lo mejor era ir a la casa principal a desayunar.
-Carla ha tenido que marcharse con urgencia. La novia del sábado se ha levantado con un grano o algo parecido y la ha llamado. Emma está esperando un paquete que tiene que llegarle a primera hora, o sea que solo desayunaremos tú y yo.
-¿Eso quiere decir que no habrá tortitas?
-No tengo tiempo para las tortitas... Dios, ojalá la señora Grady se sacudiera de encima la arena de la isla y regresara a casa. Tengo que preparar unas hojas y unas flores de azúcar. Cómete una magdalena.
-¿Te ha dicho Carla cuando volverá?
Laura alzó los ojos y dejó de estirar la masa para hacer las flores de azúcar.
-¿No te ha devuelto el coche?
-Tanto el coche como Lourdes están desaparecidos. Le he dejado una docena de mensajes. Le van a sangrar las orejas y se le va a caer el pelo cuando los oiga. La he amenazado diciéndole que voy a denunciar que me lo han robado.
-Hazlo. Allí está el teléfono.
-A lo mejor me arrestan a mí por haber sido tan estúpida como para darle las llaves. Me acercaré a su casa. Tengo otra sesión de fotos y necesito recoger un papel que encargué y que el lunes no estaba listo. Además, creo que me apetece comprarme unos zapatos.
-¿No sabes nada de Pedro?
-¿Por qué lo dices?
-Porque vas a comprarte unos zapatos, que para ti es un premio de consolación. ¿Lo has llamado?
-¿Qué quieres que le diga: «Lo siento›>? Ya se lo dije. ¿Me he equivocado? Me equivoqué, sí, pero eso no cambia lo que siento.
-¿Y cómo te sientes?
-Confundida, asustada, estúpida... por partida doble, porque tengo ganas de verlo -admitió Pau-. Echo de menos poder hablar con él. Por eso creo que es mejor que no nos veamos y que no hablemos.
-Tu lógica no parece de este mundo.
-Además, es muy posible que no quiera verme ni hablar conmigo.
-Cobarde.
-Puede. Soy una cobarde que se ha quedado sin coche. –Pau guardó unos segundos de silencio mientras Laura estiraba la masa-. Podrías prestarme el tuyo.
-Podría. Pero eso sería ceder, que es lo que haces una y otra vez con Lourdes. Yo te quiero demasiado para tratarte así.
-No sería ceder. Es por trabajo. Podría embutir mi equipo en su ridículo coche de juguete, pero curiosamente me dejó el coche y se llevó las llaves. No es culpa del cliente que yo no haya aguantado el tipo o que mi madre, por puro egoísmo, no me haya devuelto el coche.
-No, no lo es. -Laura, con sumo cuidado, se puso a marcar las primeras flores con un molde cortador.
-Estoy cabreadísima. Admito que el cabreo me ayuda a compensar la pena que siento por el tema de Pedro, pero en este momento prefiero ser desgraciada e ir a mi bola. ¿Por qué se comporta así mi madre? Y no me digas «porque tú se lo permites». Te juro, y te lo juro por lo más sagrado, que no tenía intención de dejarle el maldito coche. No me habría vuelto a pillar si no hubiera sido por unas circunstancias muy especiales.
-Me gustaría creerlo, pero ya ves, Pau, tú pagas un precio, como siempre, y ella, como siempre también, no paga nada. Nunca hay consecuencias para Lourdes. Tu madre te devolverá el coche cuando le convenga y le vaya bien. Y tú discutirás con ella, la pondrás verde y te lamentarás. Ella te echará encima la mierda de siempre y luego se olvidará de todo, porque ha conseguido y hecho lo que quería. Y por si fuera poco, seguirá gobernando tu vida mientras tú no paras de refunfuñar y quejarte.
-¿Qué quieres que haga? ¿Atizarle con el trípode hasta matarla?
-Te ayudaré a esconder el cadáver.
-Ya lo sé -dijo Pau suspirando-. Eres una buena amiga. Y yo no suelo portarme como una cobarde o una abusona.
-Claro que no. Ni mucho menos. Por eso me pones de los nervios cuando parece que lo seas, cuando ella te provoca para que seas así. Oblígala a pagar de una vez por todas, Paula. Te aseguro que cuando lo hayas hecho, la próxima vez ya irá rodado.
-¿Cómo? Créeme si te digo que tengo ganas. En realidad, no puedo llamar a la policía. Le di las malditas llaves. Y creo que...sé, mejor dicho, que se llevó sus llaves con esa jodida actitud pasivo-agresiva. Aunque...
-Me gusta esa mirada. Ahora no tienes los ojos de una ingenua cobardica. ¿Qué pasa?
-Dejó su coche en casa.
-Oh, oh. Vamos a cargarnos el juguete. Iré a por el abrigo y el viejo bate de béisbol de Dani.
-No. Caray, qué carácter más violento.
-Me encanta destrozar las cosas. Es terapéutico.
-No vamos a abollarle el coche. El coche no tiene ninguna culpa de todo esto. Pero voy a pedirle a la grúa que se lo lleve.
-No está mal, pero llevárselo en grúa hasta su casa significa que ella no va a tener que molestarse en venir a recogerlo.
-No pensaba en su casa. -Pau entrecerró los ojos para reflexionar-. ¿Recuerdas que hace unos meses un tío le dio por detrás al coche nuevo de Dani y tuvimos que llamar a la grúa? Pensaba en el mecánico que se encargó de todo. Tiene una grúa, un taller y un aparcamiento. Maldita sea, ¿cómo se llamaba? ¿Dónde está Carla con sus mágicas tarjetas de visita?
-Llama a Dani. Se acordará. Y deja que te diga que por cosas como estas somos amigas tú y yo. Cuando vas a hincarle el diente a algo, Pau, eres un encanto.
-Préstame el coche.
-Haz las llamadas y el coche es tuyo.
CAPITULO 39 (PRIMERA HISTORIA)
Algunos, pensó Carla, dirían que se estaba metiendo donde no la llamaban, que no era asunto suyo. No la conocían lo más mínimo.
Ella se dedicaba a solucionar problemas. Y si no intentaba arreglar el de una vieja amiga, ¿qué sentido tenía lo que hacía?
Entró en el Café de la Amistad decidida a dar lo mejor de sí, por su bien y por el bien de todos.
El bullicio de las conversaciones reflejaba el gentío que había en el local el sábado por la noche. Pudo distinguir el zumbido de la batidora y la vibración del molinillo mientras reconocía el terreno. Vio a Pedro en una mesita para dos y, esbozando una sonrisa, se acercó a él.
-Hola, Pedro. Gracias por haber venido.
-De nada. Ha tenido una celebración hoy, ¿verdad?
-Esta tarde, y salió muy bien. -«No tiene ningún sentido que perdamos el tiempo», pensó-. Pau estaba deprimida y molesta, pero ha hecho un esfuerzo por los clientes.
-Siento que se haya enfadado conmigo.
-Y ella también lo siente por ti, pero -prosiguió Carla antes de que él pudiera meter baza- su madre esta en el origen de todo esto. Supongo que los tres ya lo sabemos, aunque reaccionemos de manera diferente.
-Estaba avergonzada. Me refiero a Paula. Y no tenía por qué. Por mí, no.
-Su madre no para de darle motivos. -Carla miró a la camarera que se había detenido junto a su mesa-. Un té de jazmín, por favor.
-Muy bien. ¿Y usted, doctor Alfonso?
-Buena idea. Tomaré lo mismo.
-Pedro, quiero darte un poco de información de base para que entiendas sus razones. Lo que tú y Pau hagáis luego con todo esto, es cosa vuestra.
Carla se quitó los guantes y se desabrochó el abrigo sin dejar de hablar.
-No sé qué te habrá explicado Pau. Sé que maldeciría mis huesos si se enterara de que voy a contarte todo lo que sé, pero así están las cosas. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía cuatro años. Su padre, al que ella adoraba, la abandonó con la misma alegría con que abandonó a Lourdes. Es un hombre desconsiderado. No es que sea calculador como Lourdes, pero sí desconsiderado. Creció con todos los privilegios, y con un fabuloso fondo fiduciario. Parecerá hipócrita viniendo de mí, pero...
-No. Tú y Daniel y tus padres también, siempre colaborasteis con los demás. Y esa es la palabra que mejor define la situación.
-Gracias. Mariano Chaves viaja a donde le apetece, hace lo que le viene en gana y es de los que huye de los follones. Lourdes va a saco, te agobia y se monta la vida por su cuenta. El padre de Pau la dejó muy bien situada, pero ella se ventiló todo el dinero -Carla sonrió-. Los críos oyen cosas, incluso cuando en teoría no saben lo que significan.
-El debía de pasarle una pensión para la niña.
-Sí. A Pau no le faltó de nada: casa, comida y ropa. Y a su madre tampoco, claro. Los dos se casaron de nuevo antes que Pau cumpliera siete años. Lourdes volvió a al cabo de dos.
Carla interrumpió la conversación cuando vinieron a servirles el té.
-Después de eso, hubo muchos hombres, montones de aventuras y un drama tras otro. Lourdes se alimenta de los dramas. Mariano volvió a divorciarse y se casó otra vez. Tiene un hijo con su tercera esposa y la familia pasa la mayor parte del tiempo en Europa. Lourdes tiene una hija de su segundo marido.
-Sí, Pau me dijo que tenía dos hermanastros.
-Apenas se ven. Eloisa pasó, y pasa, largas temporadas con su padre, que ha demostrado quererla mucho.
-Qué duro ver que tu hermana cuenta con algo que tú no tuviste.
-Sí. Y como casi siempre Pau era la única que estaba en casa, Lourdes esperaba y exigía todo de ella, la utilizaba. Es su estilo. Volvió a casarse. Y cada vez que se casaba, se mudaban a otra casa, a un nuevo vecindario. Pau cambiaba de escuela. Lourdes incluso la sacó de la academia cuando se divorció de su tercer marido. Y luego volvió a matricularla un par de años después, para que estudiara durante un tiempo, porque resultó que estaba liada con un hombre (casado, por cierto) del patronato de la escuela.
-No conoce lo que es la estabilidad -murmuró Pedro-. Nunca la han apoyado.
Carla suspiró.
-Durante toda su vida, Pau ha tenido que aguantar los lloriqueos de su madre cuando la desairaban por un fracaso amoroso o un problema cualquiera. Lourdes se educó creyéndose el centro del universo, y procuró educar a Pau para que esta también lo creyera. Nuestra Pau es una mujer fuerte. Lista, segura, brillante en su profesión. Pero este rincón vulnerable de sí misma es como una herida abierta. Y Lourdes no para de hurgar en ella. Creció rodeada de gente insensible, y tiene miedo de la crueldad de los demás.
-No confía en nosotros porque en toda su vida nadie le ha dado motivos para hacerlo.
-Tú sabes escuchar. Esa fue una de las primeras cosas que me dijo de ti. Voy a darte ventaja, Pedro, y en este punto ella también se enfadaría si me oyera. Ahora bien, si hago esto es porque la quiero.
-Me iría muy bien.
Carla lo tomó de la mano.
-Nunca la había visto como ahora; nunca ha estado con nadie como está contigo. Nunca la había visto tan entregada. Y eso, lo que hay entre los dos, lo que ve en ti, la asusta.
-Me lo había imaginado, al menos lo del miedo. Tú que Ia quieres tanto, ¿qué me aconsejas que haga?
-Esperaba que me lo preguntaras -respondió Carla con una sonrisa-. Dale un poco de espacio, de tiempo... pero no demasiado. Y no te rindas. Las únicas constantes de su vida hemos sido mi familia y yo, Emma y Laura. Te necesita.
-No puedo rendirme- dijo Pedro sencillamente-. Llevo esperándola toda mi vida.
CAPITULO 38 (PRIMERA HISTORIA)
-Creo que lo hemos conseguido. ¿No os parece que hemos triunfado? Ay, qué cansada estoy... -Emma se desperezo en el sofá-. Y me siento un poco mareada. He comido demasiados dulces para calmar los nervios. ¿Verdad que lo hemos conseguido?
-Como no nos contraten, voy a hacer una colecta para encargar que den una paliza a Kathryn Seaman. -Laura apoyo los pies en el montón de álbumes que había sobre la mesita de centro-. Esa mujer es dura de pelar.
-Quiere mucho a su hija -Comentó Carla.
-Si eso se supone, pero caray, nos hemos dejado la vida para presentar la boda perfecta y no hemos conseguido que la madre se comprometa.
-Lo hara. En caso contrario, no nos hará falta la colecta. Yo misma la asesinaré. -Carla, masajeándose la nuca, caminaba arriba y abajo-. Necesita pensarlo, hablarlo con su marido, y Jessica tiene que comentarlo con Josh, porque él también tendrá algo que decir. Es lógico. Es normal.
-Kate es quien lleva las riendas -señaló Pau-. Creo que lo único que quiere es torturarnos. Se quedó con la boca abierta cuando vio el pastel de bodas Palacio Real.
Laura se mordisqueó el labio.
-¿Tú crees?
-La estaba observando. Me he dedicado a observarla como el gato que vigila el ratón... aunque quizá era yo el ratón y ella el gato. Pero la observaba. Se le han iluminado los ojos al ver el pastel. Casi he oído sus pensamientos: «Este pastel en forma de palacio no va a ser para nadie más que no sea mi niña>>. Hemos Triunfado en todo. Las dos han suspirado de emoción con los cornejos y las lucecitas de colores. ¿Y qué me decís del ramo en cascada de tulipanes? Jessie se lo ha adjudicado. Y cuando la madre menciona, como quien no quiere la cosa, que su marido es un patoso, Carla echa mano a su mágica colección de tarjetas y saca una de un profesor particular de baile.
-Ese ha sido un buen tanto -coincidió Emma-. Resumiendo, mamá quiere lo que quiere la niña, y la niña nos quiere a nosotras. Es una corazonada. -Dejó escapar un suspiro y se levantó-. Tengo que ir a plantar cincuenta y cinco narcisos para una fiesta de despedida. Llevaos unos tulipanes.
-Voy a ver si me han devuelto el coche. Tengo una sesión al aire libre y un montón de recados pendientes. -Pau se dirigió entonces a Carla-. Si mi madre no aparece, ¿puedo tomar prestado tu coche?
sábado, 11 de febrero de 2017
CAPITULO 37 (PRIMERA HISTORIA)
El lunes, Kathryn Seaman llegó con su hija Jessica exactamente a las diez de la mañana. Pau supo que esa clase de puntualidad era la que tocaba la fibra sensible de Carla. Sin embargo, a ella le resultaba un poco inquietante.
El exceso de trabajo, los nervios y la vorágine emocional le rondaban como una mezcla espasmódica por el vientre cuando fue a la sala de recepciones a reunirse con sus socias y con las clientas potenciales. La cascada de tulipanes de Emma les trajo la primavera a pesar del fuego que crepitaba cálido en la chimenea. Carla había dispuesto los maravillosos juegos de té y de café de porcelana de Meissen de su abuela, la cristalería Waterford y la cubertería
georgiana de plata, complementos perfectos para la vistosa repostería de Laura.
Si la clienta buscaba la personificación del lujo, la sofistificación y el elemento femenino, podía darse por satisfecha.
Después de la charla ritual sobre el tiempo, Carla fue al grano.
-Nos encanta que estés valorando la idea de organizar vuestro gran día con Votos. Comprendemos que es importante que te sientas cómoda con todos los detalles que una boda comporta para que esta refleje vuestra identidad y lo que tú y Josh representáis el uno para el otro. Queremos que disfrutéis de este día y de cada uno de los días que faltan hasta entonces sabiendo que nuestro principal objetivo sois vosotros. Vuestros deseos son órdenes; queremos que vuestro día sea perfecto y hermoso, y que su recuerdo os acompañe toda la vida.
»Con este objetivo, os plantearemos unas ideas. Antes de que os enseñe la primera propuesta, ¿tenéis alguna pregunta?
-Sí. -Kate Seaman abrió una libreta de notas que apoyaba en el regazo. Mientras su hija estallaba en carcajadas poniendo cara de paciencia, Kate empezó a bombardear a Carla con preguntas.
Las respuestas eran afirmativas invariablemente. Se encargarían de eso, solucionarían lo otro, sabían dónde encontrar lo de más allá o tenían una muestra de aquello.
Cuando las preguntas se centraron en el paisajismo, Emma tomó el relevo.
-Además de las flores para la boda, utilizaremos plantas de temporada y maceteros en los parterres y en los jardines, y seleccionaremos especialmente lo que plantemos para destacar los arreglos florales por los que Jessica se decida. Soy consciente de que estaremos a principios de estación, pero os prometo que el día de vuestra boda ya será primavera.
-Si esperaran hasta mayo...
-Mamá --la interrumpió Jessica dándole unos golpecitos en la mano-. Nos conocimos en abril y nos hemos propuesto ser sentimentales. Creo que tenemos tiempo de sobra para planificarlo con tranquilidad. Aunque veo que ya están saliendo mil y un detalles.
-Para eso estamos aquí-le dijo Carla.-Ahora mismo queremos dar la fiesta de compromiso en el club y repartir las participaciones.
-Podemos encargarnos de eso.
Jessica hizo un mohín de sorpresa.
-¿De verdad?
-Por supuesto. Lo único que necesitamos es la lista. Tenemos varios modelos de tarjetones. El estilo más personalizado es diseñar un tarjetón a partir de vuestra foto de compromiso, o de una foto tuya y de Josh que te guste en especial.
-Me encanta la idea. ¿A ti no, mamá?
«Ahora entro yo», pensó Pau.
-La foto de compromiso puede ayudaros a decidir si os va este estilo o queréis algo más tradicional. Fijar la fecha y el lugar de la celebración, encontrar el vestido perfecto y haceros la foto de compromiso son los primeros detalles que, una vez decididos, te dejan campo libre para ocuparte del resto. Además, marcan el tono de la boda.
-Supongo que tienes algún ejemplo de las fotos que has hecho.
-Sí. -Pau se levantó, tomó la carpeta con las fotos de compromiso y la ofreció a Kate-. Opino que el retrato de compromiso es tan importante como el del enlace. Da fe de la promesa, la intención, la alegría y los proyectos de futuro. ¿Qué unió a estas personas? ¿Por qué han querido prometerse? Mi trabajo consiste en lograr que este retrato hecho a la medida de ellos sirva para anunciar a los amigos, a la familia y a todo el mundo que Jessica y Josh se han encontrado el uno al otro.
-¿En tu estudio? -preguntó Kate.
-Sí, o en cualquier otro escenario que convenga mas a la pareja.
-En el club -decretó Kate-. En la fiesta de compromiso. Jessie tiene un vestido de noche sensacional. Ella y Josh están guapísimos vestidos de etiqueta. Y Jessie llevará los rubíes de mi madre.
Con los ojos nublados, se acercó a su hija para cogerla de la mano.
-La idea es perfecta y me encantaría llevarla a cabo –terció Pau-, pero yo había pensado en otra cosa para el retrato. Tú y Josh os conocisteis montando a caballo, una pasión que compartís. Me gustaría haceros una foto de los dos montando.
-¿Montando? -Kate frunció el ceño-. Esto no es una fotografía. No quiero que Jessica salga con unos pantalones de equitación y un casco de montar en su retrato de compromiso. Quiero que deslumbre.
-Yo pensaba que podría deslumbrar con mayor sutileza. De un modo más romántico, con un poco mas de imaginación. Tienes un caballo castrado de color castaño. Trooper.
-¿Cómo lo sabías?
-En nuestro trabajo tienes que conocer a los clientes intentando no parecer siniestra -añadió Pau arrancando unas risas a Jessica.
-Os veo, a ti y a Josh, montados en Trooper. Josh con un esmoquin, el lazo de la pajarita deshecho y los primeros botones desabrochados, y tú detrás de él, con un vestido de noche divino y vaporoso... luciendo los rubíes de tu abuela -agregó-. Te veo cogida a él de la cintura, con el pelo suelto, al aire. El fondo es solo una nota de color, con unas formas difuminadas.
-Oh, Dios mío… -Jessica lo dijo casi en un suspiro-. Me encanta. Lo encuentro precioso. Mamá...
-Es... hermoso. Mágico.
-Y creo que encontraréis que la idea encaja muy bien con el lema de la boda que os hemos preparado. Carla.
Carla se levantó y se acercó a un caballete que habían instalado en el salón.
-Os enseñaremos unas fotografías como muestra de nuestros trabajos anteriores, generales y en detalle, y para que os hagáis una idea de lo que podemos hacer. De todos modos, como la vuestra será una boda única, os mostraremos diseños de cómo podría ser vuestro día.
Carla levantó la hoja que tapaba la primera propuesta.
-El país de las hadas.
Pau pensó que sus socias debieron de sentir la misma punzada de emoción que ella cuando oyó que la novia sofocaba un grito.
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