sábado, 11 de febrero de 2017

CAPITULO 36 (PRIMERA HISTORIA)





Lo superaría. Tuviera lo que tuviese clavado en el corazón, en sus entrañas, era imperdonable que eso le ocupara la mente durante una celebración. <<Quítatelo de la cabeza- se ordenó Pau-. Hoy no se trata, como ayer no se trataba del imbecil del hermano del novio.>>


-¿Vas a decirme qué te pasa?- Le preguntó Emma siguiéndola alrededor de la pista.


-No. No es el momento.


-He visto el coche de tu madre aparcado frente al estudio. Y no he visto el tuyo.


-Ahora no, Em.


-Esto se está complicando. Hablaré contigo después.


-No quiero hablar. No tengo tiempo para comer galletas mientras hacemos terapia. Estoy trabajando.


<<Ya, ya…>>, pensó Emma. Y se fue derecha a buscar a Carla.


-Algo le pasa a Pau.


-Sí, lo sé. -Carla estaba de pie junto a la larga mesa de la entrada supervisando cómo iban cargando los regalos en la Iimusina que había aparcada fuera-. Ya nos ocuparemos luego.


-Intentará largarse. -Emma, al igual que Carla, lucía una sonrisa de compromiso-. Estoy preocupada porque no está furiosa, que es como se pone cuando trata con su madre. Se queda hecha polvo, pero el puntito de ira no se lo quita nadie.


-De momento no hay nada que hacer. Luego ya veremos. Ahora viene el último baile -calculó Carla tras consultar el reloj-. Querrá hacer unas fotos al aire libre cuando los novios se marchen. Si esta de mala leche, se irá derecha a casa. Le cortaremos el paso estudiando el terreno.


Si se hubiera parado a pensarlo, Pau se habría dado cuenta de que algo se traían entre manos. Pero el alivio de haber terminado, de saber que había concluido su trabajo y que lo había hecho bien, le hizo olvidar el resto.


Cuando la limusina salió deslizándose por el caminito de entrada, Pau apartó la cámara.


-Reunión breve cuando hayamos terminado –anunció Carla.


-Oye, me voy al estudio. Ya haré una copia de tus notas.


-No tardaremos mucho. Hemos de asegurarnos de que todo salga perfecto en la presentación de mañana. Buenas noches y conduzcan con cuidado -dijo Carla sonriendo a un grupo de invitados que se marchaban-. Creo que estos eran los últimos. Hagamos un barrido. ¿Te ocupas de la segunda planta?


Molesta, Pau subió pisando fuerte la escalera. «Lo que yo querría es estar en casa, maldita sea.>> Quería estar sola y trabajar. Trabajar hasta que viera doble. Luego se iría a la cama y dormiría las penas.


Pero no, las cosas había que hacerlas en su momento. 


Normas de Carla.


Los ayudantes habían dejado impecables las suites de la novia y del novio, pero comprobó los baños por si acaso. 


Una vez encontraron a un invitado que se había dormido aovillado en la bañera de la habitación de la novia, la que tenía unas patas en forma de garra. El problema fue que lo descubrieron... a la mañana siguiente.


Cuando terminó la ronda de reconocimiento, Pau se planteo zafarse de la reunión saliendo por una de las puertas laterales. Pero las otras se enojarían e irían a buscarla.


No quería un nuevo enfrentamiento, otra escenita emocional. «Ya he llenado el cupo», pensó. Sería una buena chica, iría a la sesión resumen de clausura y repasarían el informe para la propuesta del día siguiente.


«Mejor así. No me dará tiempo de pensar.›› Pensar ocupaba uno de los últimos lugares de la lista de actividades que tenía pendientes.


No la sorprendió encontrar a Laura sirviendo té y unos minibocadillos. En las reuniones de Votos tenían por costumbre tomar un tentempié.


-Una celebración muy agradable -comentó Laura con naturalidad-. Nadie se ha puesto a dar puñetazos, no hemos tenido que echar a patadas a los impresentables y, que sepamos, no se han usado las habitaciones para echar un polvo a escondidas.


-Las celebraciones de los domingos suelen ser tranquilas- apuntó Emma quitándose los zapatos y estirándose.


-Olvidas el enlace Greenburg-Fogelman.


-Ah, sí. En ese hubo de todo, y aún me quedo corta.


Pau, incapaz de sentarse y quedarse quieta, se acercó a la ventana.


-Empieza a nevar. Al menos el tiempo ha esperado a que termináramos.


-Y hemos terminado -dijo Carla entrando en la sala-. El equipo de la limpieza ha empezado por la sala de baile. A lo mejor mañana la señora Seaman quiere volver a dar una vuelta y todo tendrá que brillar como los chorros del oro. Laura, ¿y el pica-pica?


-Un surtido de pastelitos, café, té y zumo de naranja natural, y luego, durante mi presentación, que será la última, tendremos la degustación de pasteles. También habrá una selección de bombones con los nombres del novio y de la novia o con un monograma dorado. Les presentaré estilos distintos. Traeré fotografías y dibujos de los pasteles, de la boda y del novio, así como varias propuestas por si quieren dulces para los invitados; haré lo mismo con las opciones del carrito de los postres. He preparado unas cajas de bombones para regalar a la novia y a su madre, y un par más por si vienen acompañadas. Me he cubierto las espaldas.


-Muy bien. ¿Emma?


-A la novia le gustan los tulipanes y me dijo que los quería como flor emblemática de la celebración. Me he decantado por la boda en el jardín, porque se celebrará en abril. Pondré montones de tulipanes en arrones de cristal fino, de distintas formas y medidas. Y rosas, claro. Haré arreglos florales con todo eso, combinando colores primaverales y aromas. Y luego, las flores para el ojal: un tulipán blanco montado en una ramita de lavanda. Tengo tres ramos de seda diseñados especialmente para ella. Y hay uno en el que sobresalen los tulipanes, porque creo que ese es el que va a elegir. Si es ella quien decide, claro.


Emma hizo una pausa, se frotó el pie izquierdo y volvió a consultar la lista.


-He montado otros ramos distintos para sus damas, también combinando los colores primaverales, porque ella no se ha decidido por ninguno en concreto. Le enseñaré varias fotos, además de las muestras que he preparado. Ya ha estado en mi taller y ha visto el muestrario y los arreglos, pero he adaptado algunos a su estilo.
»Laura me ha ayudado a esbozar un par de ideas para la zona de la pérgola. Creo que usaré cornejos. Pondré unos arbustos tiernos de cornejo en unas urnas blancas como telón de fondo. Y los adornaré con lucecitas. Para regalar a las madres propongo unos porta ramilletes en lugar del ramo habitual. He hecho unos cuantos para mostrárselos. Y les he empaquetado unos arreglos florales para cada una, para que se los lleven a casa.


-Tenemos muchas fotos de los espacios decorados para las bodas de primavera -dijo Carla mirando a Pau.


-He seleccionado las mejores para esta clienta. Y también otras para recrearme en los detalles. Como el tiempo es muy variable en abril, supongo que querrán unas carpas.


-Carpas de seda -precisó Carla.


Pau asintió.


-He leído tu propuesta, y he visto también los esbozos de Laura. No tenemos fotos para este montaje en concreto, pero contamos con otras parecidas. He reunido un dossier muy completo con fotografías de compromisos y bodas, y otro aparte con fotografías nuestras que han salido en revistas. Hojearon los álbumes cuando vinieron… y al decirme tú que a la madre se le iluminaron los ojos cuando se le comentó la posibilidad de editar un libro de arte, le he preparado un ejemplar. Haré un retrato de la madre y de la hija durante la presentación. Lo pasaré a papel, lo enmarcaré y luego se lo regalaré a mamá bien envuelto.


-Fabuloso. -Carla sonreía-. Perfecto. Por mi parte, he hecho tres guiones, de estilos diferentes, que comprenden desde los ensayos hasta la despedida. Y después de darle muchas vueltas, he decidido que empezaré por el mejor.


-El de la princesa de cuento de hadas del siglo veintiuno-corroboró Emma-. Es mi preferido.


-Llevamos dedicadas a este proyecto unas cien horas entre las cuatro -señaló Laura-. Tengo todos los dedos cruzados.
Emma asintió convencida.


-A mí me da muy buena espina.


-A ti todo te da buena espina. Pero si eso se cumple, voy a tener una montaña de trabajo.


-Está a punto de cumplirse -precisó Carla en el momento en que Pau se levantaba-. ¿Estás bien, Pau?


-Me duelen los pies.


-Vale más que saques lo que llevas dentro- Le aconsejo Laura eligiendo un minibocadillo -. Somos tres contra una.


-No me pasa nada. Y no entiendo que tengamos que vomitarlo todo cada vez que una de nosotras está de mal humor.


-Somos chicas -le recordó Emma-. Y tu madre se ha llevado tu coche.


-Sí, mi madre tiene mi coche ahora. Me acorraló esta mañana y me he enfadado. Y estaré enfadada cuando decida devolvérmelo, porque me lo devolverá sin gasolina y a lo mejor con una abolladura en el guardabarros. Punto final.


-Noto cuando estás enfadada -comentó Carla encogiendo las piernas-. Y hoy no estabas así.


-Ahora sí lo estoy.


-Porque eso es solo una parte del problema. Pedro estaba en tu estudio cuando ella llegó, ¿verdad?


-Casi se le echa encima, como siempre hace cuando le ponen por delante cualquier cosa que tenga un pene. ¿Os imagináis qué corte?


-¿Se lo tomó mal él? -preguntó Emma.


-¿El numerito de mi madre? -Pau se levantó y se acercó de nuevo a la ventana-. No lo sé. No estoy segura. Estaba demasiado ocupada sintiéndome mortificada para darme cuenta. Por eso le di las llaves, para que se marchara.


-No te preguntaré para qué quería tu madre el coche –dijo Laura sirviéndose una taza de té-. ¿Qué más da? Lo que me sorprende es que estés enfadada con Pedro.


-No lo estoy. Estoy enfadada conmigo misma. Por dejar que sucediera, por haberme permitido ir tan lejos, sin pensarlo, por no quedarme con los pies pegados al planeta Realidad.


-Ahora ya no estás hablando de Lourdes, la Espeluznante-concluyó Laura.


-Oh, Pau. -Emma le dirigió una mirada solidaria-. Te has peleado con Pedro.


-No. Sí. No. -Pau, irritada, se giró en redondo-. No puedes pelearte con alguien como él. Las personas chillan o explotan en una pelea. Se dicen cosas y luego se arrepienten. A eso se le llama pelearse. Pero él, en cambio, es muy razonable.


-Maldita sea su estampa- afirmó Laura ganándose una mirada asesina.


-Inténtalo. Intenta hacer que alguien como Pedro comprenda que vais por un camino equivocado, ya veras como todo lo que dices rebota en el frontón de su serena lógica.


-Has roto con él. -Por el tono de voz que utilizó, se vio a las claras que las simpatías de Emma viraban radicalmente hacia Pedro.


-No sé lo que he hecho. Además, ¿cómo puedes romper con alguien cuando no se sabe si estáis juntos? Oficialmente. Es por mí, es por mi culpa, y él no quiso escucharme siquiera. Sé que la situación se me ha ido de la mano. Me vi arrastrada, me deje llevar, no sé... Y cuando mi madre ha entrado esta mañana en casa, he sentido que, de un sopapo, aterrizaba en la realidad.


-¿Vas a dejar que ella apriete la tecla que más le convenga en este tema? -le preguntó Carla.


-No. No es eso. -Pau habló enfurecida porque en cierto modo le preocupaba que ese fuera el motivo. El motivo exacto-. No quiero hacer daño a Pedro. De eso se trata. Pedro cree que está enamorado de mí.


-¿Cree? -repitió Laura-. ¿O sabe?


-Lo ha exagerado mucho. Mi persona, la relación...


-Y este hombre que solo sabe ser razonable, el frontón de la serena lógica -apuntó Carla torciendo el gesto e inclinando la cabeza-, según tú, ¿ahora vive en un mundo de fantasías?


-Puede que sea otra de sus facetas -justificó Pau sintiéndose de repente cansada y vencida.


-Creo que la cuestión no es qué siente o deja de sentir Pedro por ti, sino cuáles son tus sentimientos hacia él. ¿Estás enamorada de él, Pau?


Pau se quedó mirando fijamente a Carla.


-Me importa mucho. Eso es lo que siento.


-A eso lo llamo yo escurrir el bulto- dijo Laura-. Esta pregunta se responde diciendo sí o no.


-¡No lo sé! No sé qué hacer con todos estos sentimientos que me roen por dentro. Pedro entra en mi vida incrustándose de cabeza contra la pared y la que se queda grogui soy yo. Dijiste que no era mi tipo, como me llamo Paula que lo dijiste. Y tenías razón.


-De hecho, creo que esta es una de las raras veces en que me he equivocado. Pero eso tendrás que decidirlo por ti misma. Lo que me joroba, Pau, lo que me decepciona de verdad es que uses a Lourdes como excusa para ponerte a hablar de amor. Porque ella no te llega ni a la suela de los zapatos.


--Necesito tiempo, eso es todo. Necesito tiempo para encontrar mi equilibrio, mi ritmo. Y cuando estoy con él, no tengo ni una cosa ni la otra.


-Pues tómate tu tiempo -le aconsejó Carla--. Has de estar segura.


-Lo haré. Lo necesito.


-Y una cosa. Si te quiere, yo estoy de su lado.




CAPITULO 35 (PRIMERA HISTORIA)




Que distintas resultaban a los ojos de Pedro la menuda y curvilínea rubia del traje de chaqueta rojo y la pelirroja larguirucha del albornoz a cuadros escoceses.


Aunque las dos se quedaron paralizadas, y las dos le lanzaron una mirada que era una mezcla de terror y turbación. Sin embargo, esa similitud se desvaneció cuando Pau se puso triste y Lourdes adoptó la expresión calculadora de una mujer astuta.


-Bueno, bueno... Paula no me había dicho que tenía compañía. Y que se trataba de un hombre tan guapo. Paula, ¿dónde están tus modales? Cualquiera diría que has crecido en la selva. Me llamo Lourdes Barrington y soy la madre de Paula-. Le tendió la mano sin moverse de su sitio-. Encantada de conocerte.


-Pedro Alfonso. -Se acercó a ella para estrechársela, pero Lourdes le retuvo la mano entre las suyas.


-Buenos días, Pedro. ¿Dónde te ha encontrado Pau?


-Me gusta pensar que soy yo quien la ha encontrado a ella.


-¡Vaya, un encantador de serpientes! -Con una risueña carcajada, Lourdes se echó hacia atrás el cabello-. ¿Eres de Greenwich, Pedro?


-Sí, mi familia es de aquí.


-Alfonso, Alfonso... No sé si los conozco. Paula, por el amor de Dios, dale a este hombre un café. Siéntate, Pedro.- Dio unos golpecitos en un taburete para indicarle que tomara asiento-. Y ahora, cuéntame.


-Ojala hubiera tiempo, pero Paula y yo tenemos que prepararnos para una celebración.


-¿Ah, sí? ¿Tú también eres fotógrafo?


-No, solo la ayudo.


Lourdes le dirigió una mirada rápida y coqueta.


-Sin duda pareces muy capaz de ayudarla. Hazme compañía al menos mientras me tomo el café, y tú, Pau, sube a vestirte. Ve a arreglarte. Pareces un golfillo.


-Estaba pensando en lo bonita que estás -dijo Pedro dirigiéndose a Pau-. Sabes a una mañana de domingo.


Lourdes dejó escapar unas risas.


-Ya decía yo que eras un encantador. Puedo reconocerlos de lejos. Vigila, Paula, o te lo van a robar. Veamos, Pedro, siéntate y háblame de ti. Insisto.


-Toma el coche. -Pau agarró las llaves del cestito que había sobre el mármol-. Toma el coche y lárgate.


-Mira, Paula, puedes ahorrarte las groserías.- Lourdes, de todos modos, aceptó las llaves.


-Querías el coche y ya tienes las llaves. Mi oferta durará exactamente treinta segundos.


Lourdes, con aire de ofendida, recogió su abrigo.


-Disculpa el comportamiento de mi hija, Pedro.


-No hay nada que disculpar. En absoluto.


-Esperemos que este sea tolerante o terminarás sola. Para variar.- Fulminando con la mirada a Pau, Lourdes salió del estudio como una exhalación.


-Muy tonificante... Ojalá no le hubieras dado las llaves -comentó Pedro acercándose a Pau.


Ella lo detuvo con un gesto de la mano.


-No, por favor, no hagas eso. Siento que te hayas visto metido en medio del fregado, pero por favor, no hagas eso.


-¿Qué es lo que no tengo que hacer?


-Lo que ibas a hacer, fuera lo que fuese. -Pau dio un paso atrás alzando todavía más la mano.- No sé en qué estaría yo pensando. No lo sé. En el fondo, sabía que era una equivocación. Y que tenía que pararlo antes de que se complicara. Pero me dejé llevar. Es culpa mía.


-Supongo que ya no hablas de tu madre.


-Lo siento. Lo siento Pedro. En cuanto a esto, a lo nuestro... No puedo seguir adelante. No puedo seguirte a donde tú quieres. No es por ti, es...


-Basta -la interrumpió Pedro- Déjate de tópicos. Tú estas por encima de eso. Los dos lo estamos.


-Se trata de mí. -Paula notó que se le iba a quebrar la voz y la endureció-: No estoy preparada para esto. No soy de las que tienen relaciones duraderas. Soy de las que les entra una crisis de pánico y se marcha corriendo de tu casa porque se siente demasiado cómoda en ella.


-Ah, eso lo explica todo.


-Así soy yo. ¿Lo entiendes? No soy la persona que andas buscando.


-Habla por ti, Paula, y no des por sentado lo que yo quiero.


-Te lo digo porque lo veo claro. Estás… tan colgado que te imaginas que lo nuestro tiene futuro, quieres que lo tenga. Eres tradicional hasta la médula, Pedro, y no tardarás mucho en querer un compromiso sólido, un matrimonio, una familia, la casa y el gato de tres patas. Estás programado así, y lo que debes saber es que yo tengo los cables cruzados. -Pau dejó en el fregadero las varillas para montar que no había utilizado-. Ni siquiera me conoces. Hemos tenido una aventura, un rollo, para recordar el pasado. Tu enamoramiento te tenía intrigado, y a mí me ha halagado mucho, pero hemos dejado que las cosas vayan demasiado lejos. Nos hemos lanzado a lo loco por un camino en pendiente, pero hay baches y socavones. ¡Ni siquiera nos hemos peleado! ¿Cómo puedes pensar que...?


-Mira, estamos a punto de hacerlo- la interrumpió Pedro- No sé si piensas peor de ti que de mí en estos momentos. ¿Me estás preguntando si quiero un compromiso, un matrimonio, una familia, la casa y el maldito gato, que ya tengo, por cierto? Pues sí, quiero tenerlo todo tarde o temprano. Y no por eso soy un idiota.


-Yo no he dicho que...


-¿Baches y socavones? Bienvenida al mundo real. Los hay en todas partes. Y uno tiene que maniobrar para esquivarlos, pasar por encima o atravesarlos si quiere llegar al otro lado. Tu problema es que no paras de meterte de cabeza en el socavón de tu madre y permites que eso te fastidie el viaje entero. Ella no tiene la culpa de que tu capacidad de maniobra sea penosa. Tú la tienes.


-Lo sé perfectamente... Espera un momento. ¿Mi capacidad de maniobra es penosa? -Un atisbo de rabia le coloreó las mejillas-. Sé muy bien adónde voy y conozco mi camino. Solo he tomado un atajo. Deja de hablar con metáforas.


Pedro enarcó las cejas.


-Y estoy seguro de que ese atajo te ha servido para largarte bien lejos. A la mierda el atajo. Nuestra historia es importante, Paula. Aunque ninguno de los dos se lo habría imaginado jamás, existe.


-Te aprecio mucho, Pedro, te lo aseguro. No lo dudes. Por eso quiero decirte que tenemos que ir más despacio. Hay que pensarlo bien.


-¿Por qué dejas que ella dirija tu vida?


-¿Qué? No es cierto.


-Tu madre es una mujer egoísta, que solo se ve a si misma y te machaca emocionalmente porque te dejas. Te rindes y consientes que se salga con la suya en lugar de plantarle cara.


-¡Eso es ridículo e injusto! -La rabia de su voz contrastó con la calma de Pedro, y se sintió como una tonta-. Le he prestado el maldito coche para que se largara. Y eso no tiene nada que ver.


-Creo que más te valdría reflexionar sobre esta relación tan perversa.


-Es asunto mío.


-Eso es cierto.


Pau respiró hondo una vez, y luego otra.


-No quiero pelearme contigo. No podría pelearme contigo ni aunque quisiera. Tengo que trabajar y prepararme para la celebración y…Dios.


-Entendido. Me quitaré de en medio.


-Pedro no nos tiremos los trastos a la cabeza- Paula se pasó una mano por el cabello mientras él recogía su abrigo-. No quiero hacerte daño. No quiero que pienses que tú, que todo esto, no significa nada para mí.


-Demasiados noes, Paula.- Pedro examinándola con atención, se puso el abrigo-. podrías mirar la otra cara de la moneda y elegir lo que quieres- Se acercó a la puerta-. Ah, deja que te aclare que no estoy colgado. Estoy enamorado de ti. Y eso es algo con lo que tú y yo vamos a tener que cargar.


Salió del estudio y cerró despacio la puerta tras de sí.





viernes, 10 de febrero de 2017

CAPITULO 34 (PRIMERA HISTORIA)





Mientras Pau se envolvía en la toalla, decidió que Pedro era tan creativo en vertical como en horizontal. Sintiéndose suelta y relajada, sacó del armario un cepillo de dientes nuevo, una maquinilla desechable y un bote de crema de afeitar tamaño viaje.


-Aquí tienes. -Se volvió en el momento en que Pedro se golpeó en el codo al salir de la ducha-. Quiero hacerte una pregunta. ¿Por qué no eres patoso cuando practicas el sexo?


-Supongo que porque me fijo. -Frunciendo el ceño, Pedro se frotó el codo-. Además, verte con la toalla me ha distraído.


-Como vas a afeitarte, bajaré a preparar el café. De este modo no te distraeré para que no te cortes toda la cara. -Pau le dio unos golpecitos en la mejilla, y terminó incrustada en él y distrayéndole. Cuando logró soltarse, le lanzó la toalla por encima-. Quédatela, ya que es un problema. -Agarró el albornoz que colgaba de la puerta y se marchó desnuda.


Cuando desapareció, Pedro cogió la maquinilla y la examino desconfiado antes de mirarse el horrible moretón de la mandíbula.


-Bueno, veamos si podemos hacerlo sin quedarnos con la cara marcada.


En el piso de abajo, Pau canturreaba mientras echaba las medidas de café. En realidad no necesitaba el café para empezar el día despejada, pensó. Pedro ya se había ocupado de eso. Dio un suspiro. Se sentía cuidada, valorada... era como un reto, algo muy excitante.


¿Cuando fue la última vez que un hombre la hizo sentir así? 


A ver... Nunca. Y lo mejor de todo era que estaba contenta.


Abrió la nevera y cogió cuatro huevos. Con eso bastaría. 


Tomó un cuenco, unas varillas para batir y una sartén. 


Quería prepararle el desayuno, tal como sonaba. Tenía ganas de cocinar para él. Deseaba cuidar de él, como él cuidaba de ella. Debía de ser...


Pau perdió el hilo de sus pensamientos cuando oyó que alguien abría la puerta.


-¿Em? Si vienes a gorronear un café, vale más que traigas una de las tazas que te llevaste.


Se volvió esperando ver a su amiga pero, en cambio, a quien vio fue a su madre entrando en la cocina.


-Mamá... -Pau se quedó paralizada-. ¿Qué estás haciendo aquí?


-He venido a ver a mi hija. -Lourdes, con una sonrisa de oreja a oreja, se acercó a ella abriendo los brazos para darle un colosal abrazo-. ¡Qué delgada estás! Tendrías que haber sido modelo en lugar de dedicarte a sacar fotos. Café... perfecto. ¿Tienes leche desnatada?


-No. Mamá, mira, lo siento, pero ahora no es un buen momento


-Oh, ¿por qué te empezas en herir mis sentimientos?-Lourdes sabia hacer unos pucheros hermosos y eficaces y era consciente de ello. Sus ojos azul cielo irradiaban dolor y su dulce y sonrosada boca le hacia parecer indefensa, gesto que ella acompañaba de un ligero temblor.


-No era mi intención. Es que…hoy tenemos una celebración y…


-Siempre tienes celebraciones- La corto Lourdes con aspavientos ¿Puedes dedicarle cinco minutos a tu madre?- Dejo el abrigo sobre un taburete-. He venido hasta aquí para agradecerte que me invitaras al balneario. Y para disculparme- Sus ojos azules adquirieron una pátina emotiva, como si estuviera a punto de derramar unas lágrimas- No debí ponerme de mal humor contigo, porque te portaste de maravilla. Lo siento mucho.


Pau sabía que lo decía en serio. Y que eso duraría lo que tuviera que durar.


Intentando no dar crédito a unos sentimientos que serían pasajeros, sacó un tazón. «Que se tome el café y se marche a casa», pensó.


-Qué traje tan bonito... Te has vestido de fábula para dejarte caer por aquí.


-Ah ¿esto? -Lourdes se dio una vuelta entera para lucir el traje rojo intenso que le marcaba las curvas y contrastaba como el fuego con su cabellera rubia-. Es fantástico, ¿verdad? –Echó hacia atrás la cabeza y estalló en carcajadas.


Pau no pudo evitar esbozar una sonrisa.


-Lo es. Sobre todo cuando tú lo llevas puesto.


-¿Qué te parece? Las perlas quedan bien, ¿verdad? ¿No me hacen un poco señorona?


-Nada de lo que llevas tú te hace señorona- dijo Pau ofreciéndole el café.


-Ay, cariño... ¿No tienes una taza y un platito decentes?


-No. ¿Por dónde pasearás el traje?


-Almuerzo en la ciudad, en Elmo. Con Ari.


-¿Quién?


-Ari. Lo conocí en el balneario. Ya te lo conté. Vive en la ciudad. Cultiva olivos y viñas y…en fin, no estoy muy segura, pero da igual. Su hijo es quien lleva el negocio. Él es viudo.


-Ah.


-podría ser el elegido.- Renunciando al café Lourdes se llevo una mano al corazón-. Oh, Pau ha sido una unión de mente y espíritu; hemos conectado en el acto. Debe de haber sido el destino quien me envió al balneario sabiendo que él estaba allí.


<<Mis tres mil dólares fueron los que te enviaron al balneario>>, pensó Pau.


-Es muy guapo, y muy distinguido. Viaja por todo el mundo. Tiene una segunda residencia en Corfú, un apartamento en Londres y una casa de verano en los Hamptons. Al volver del balneario y en el momento en que entraba en casa, he oído que sonaba el teléfono. Era él que quería invitarme hoy a comer.


-Disfruta mucho. Deberías ir pasando porque hay un buen trecho hasta la ciudad.


-Lo hay, es verdad, y ayer el coche hacia un ruido extraño. Necesito que me prestes el tuyo.


-No puedo dejarte el coche. Lo necesito.


-Bueno, pues quédate con el mío. Pau


«Con el que hace un ruido extraño, mira que bien>>, pensó Pau.


-Tu descapotable de dos plazas no me sirve. Mañana tengo entrevistas con varios clientes y una sesión al aire libre, lo cual significa que tendré que cargar con el equipo. Necesito el coche.


-Te lo devolveré esta noche. Por Dios, Paula.


-Eso es lo que dijiste la última vez que te lo preste, y no os vi ni al coche ni a ti en tres días.


-Fue un fin de semana largo que surgió de una manera espontánea. Tu problema es que nunca haces nada espontáneo. Todo tiene que estar programado y reglamentado. ¿Quieres que tenga una avería y me quede tirada en el arcén? ¿O que tenga un accidente? ¿No puedes pensar en nadie más que no sea en ti misma?


-Perdón. -Pedro estaba al pie de la escalera-Siento interrumpir. Hola, usted debe de ser la madre de Paula.