viernes, 10 de febrero de 2017

CAPITULO 33 (PRIMERA HISTORIA)






Pau despertó con el sol de invierno en la cara. Calentita.


En algún momento de la noche, él se había acurrucado a su lado y ahora Pau se encontraba pegada a él, de espaldas. 


Cómoda, descansada y relajada.


Había querido que durmiera, y ella había dormido. Era curioso cómo conseguía salirse con la suya sin exigir ni forzar nada.


A la chita callando.


En fin, no era el único.


Pedro le pasó el brazo por la cintura. Ella le cogió la mano y se la llevó al pecho. <<Tócame›>. Se estrechó contra él y entrelazaron las piernas. <<Siénteme.››


Sonrió cuando notó que su mano se movía para abarcar su pecho. Y cuando sus labios la besaron en la nuca. 


<<Saboréame.››


Pau se volvió y sus ojos se adentraron en el azul claro de sus pupilas.


-Me siento... renovada -murmuró. Y sin dejar de mirarlo, le acarició el pecho y bajó la mano por su vientre hasta encontrarlo-. Eh, tú también.


-Suele pasar que ciertas partes de mi cuerpo se despiertan antes.


-¿Ah, sí? -Pau rodó hasta tumbarlo de espaldas y sentarse encima de él-. Creo que voy a tener que aprovecharme de eso.


-Si es preciso. .. -Con una perezosa caricia matutina, Pedro se aplicó a su torso y sus caderas-. Estás más bonita aun cuando te despiertas.


-Tengo el pelo revuelto, pero la parte de ti que se despierta antes no se ha dado cuenta. -Pau tiró de la camiseta para quitársela y la lanzó por los aires-. Esa parte ni siquiera sabe si tengo cabello.


-Es como si el sol hubiera prendido fuego.


-Qué estilo tienes, Pedro -Pau se inclinó y le mordisqueó el labio inferior- . Ahora voy a salirme con la mía.


-Vale.


Pau se echó hacia atrás al tiempo que Pedro se incorporaba.


-¿Te importa si... ? -Y Pedro le envolvió el pecho con la boca.


-No. -Notó un espasmo en el vientre-. No me importa en absoluto. Caray, qué bien lo haces...


-Es que vale la pena.


Dulce, firme, cálida, suave. Pau era todas esas cosas. Se daría un festín con esa mujer, rompería su ayuno con los cautivadores y seductores aromas de ella. Pau se apretó contra él instándole a que siguiera, balanceándose hasta excitarlo.


Se levantó un poco y se echó hacia atrás intentando quitarse los pantalones de franela. Le obligó a echarse, alzó su delgado y pálido cuerpo, tachonado por la fina luz que se colaba por las ventanas, y entonces lo tomó, envolviéndolo.


Pau se arqueó, atrapada en su propia ola de placer, y se movió hasta conciliarse con el ritmo de su sangre. Lento, espeso y profundo, seda contra seda, acero y terciopelo. En ese silencio matutino solo se oyeron suspiros, respiraciones trémulas, un nombre susurrado.


El ritmo se aceleró cuando el placer se tornó casi dolor. Pau veía cómo él la observaba, se vio a sí misma reflejada en sus ojos mientras ese dolor se dilataba y acrecentaba. El ritmo era galopante... hasta volverse apremiante, rápido. 


Pau cabalgó, ambos cabalgaron, hasta alcanzar la cima del dolor, hasta que el dolor se quebró estallando en mil pedazos.


Cuando se quedó inmóvil, Pedro la dejó sobre el lecho y la abrazó, como había hecho por la noche.


Como flotar, pensó ella. Como flotar por un largo y tranquilo río de aguas cálidas y cristalinas. Sabiendo que si se hundía, él estaría allí para abrazarla.


¿Por qué no podía quedarse con eso, disfrutar simplemente de eso sin crearse trabas, sin buscarse problemas o preocuparse por los errores y el mañana? ¿Por qué permitir que palabras como <<quizá››, <<si›> y <<probablemente>› estropearan algo tan hermoso?


-Me gustaría quedarme aquí -dijo Pau en voz baja-. Así, tal cual. Todo el día.


-De acuerdo.


Ella esbozó una sonrisa.


-¿Nunca tienes pereza? ¿Te dedicas a hacer el vago alguna vez?


-Estar contigo no tiene nada que ver con la pereza. Podríamos decir que es un experimento. ¿Cuánto tiempo podemos quedarnos en esta cama sin comer ni beber y sin tener que salir? ¿Cuántas veces podemos hacer el amor un domingo?


-Ojalá pudiera descubrirlo, pero tengo que trabajar. Hoy tenemos otra celebración.


-¿A qué hora?


-Mmm… a las tres, y eso significa que tengo que estar allí antes de la una. Y además he de bajarme las fotos de ayer.


-Te conviene que me vaya.


-No. Estaba pensando en que podríamos darnos una ducha y tomar café juntos. Incluso podría preparar unos huevos revueltos en lugar de ofrecerte mis galletas Pop-Tarts de costumbre.


-Me gustan las Pop-Tarts.


-Seguro que tú siempre desayunas en plan adulto.


-Confío mucho en los pastelitos rellenos Toaster Strudel.


-Son buenísimos. Si te doy agua caliente, café y unas galletas Pop-Tarts acompañadas de unos huevos, ¿querrás quedarte en la ceremonia de hoy?


-Me encantará... si incluyes un cepillo de dientes y una maquinilla de afeitar. Supongo que no tendrás un par de zapatos que te sobren.


-Tengo muchos zapatos, pero doy por sentado que hablas de calzado masculino.


-Lo prefiero. Los tacones me duermen los dedos de los pies.


-Muy gracioso... De hecho, quizá podamos ayudarte. Carla tiene un surtido de zapatos de vestir para las ceremonias. Zapatos clásicos de color negro para los hombres y zapatos negros de salón para las mujeres.


-Qué eficaz.


-Es algo compulsivo, pero en realidad los hemos utilizado varias veces. ¿Qué número de pie tienes?


-Un cuarenta y ocho.


Pau levantó la cabeza de golpe.


-¿Un cuarenta y ocho?


-Me temo que sí.


-Eso es un portaaviones. -Apartó las mantas para examinarle los pies-. Tienes unos pies del tamaño de un destructor.


-Por eso tropiezo tanto. No creo que Carla sea tan compulsiva como para tener un cuarenta y ocho.


-No, ni siquiera Carla haría eso. Lo siento, pero te conseguiré el cepillo de dientes y la maquinilla de afeitar.


-Trato hecho.


-Creo que tendríamos que empezar por darnos una ducha. Nos irá bien entrar en calor, estar mojados, resbaladizos... –Pau bajó los ojos para mirarlo y sonrió-. Eh, ¡mira quién se ha vuelto a despertar! -Riendo, saltó de la cama y corrió hacia la ducha.



CAPITULO 32 (PRIMERA HISTORIA)




<<Todos nos equivocamos, ¿o no?>>, se dijo Pau mientras abría la puerta de su estudio. Si aquello era una equivocación, ya lo arreglaría. Más tarde. Cuando estuviera más despejada y pudiese pensar con mayor claridad. De momento era pasada la medianoche y Pedro estaba allí, con su traje de tres piezas y sus zapatos destrozados.


-No soy tan ordenada como tú.


-<<Ordenada›> lo usan los quisquillosos -afirmó Pedro sonriéndole abiertamente-.Es de esas palabras que te recuerdan a tu tía abuela Margaret con sus cubreteteras.


-No tengo ninguna tía abuela que se llame Margaret.


-Si la tuvieras, seguro que sería una mujer ordenada que usa cubreteteras. Yo prefiero la palabra <<organizada>›.


Pau dejó caer el abrigo sobre el brazo del sofá. A diferencia
de Pedro, no tenía un armario donde guardar los abrigos.


-Digamos que soy organizada en lo que se refiere a mi trabajo, a mi negocio.


-Ya me he fijado. Dabas la impresión de saber perfectamente lo que había que hacer, dónde había que estar, lo que había que buscar… incluso antes de que apareciera. -Pedro dejó su abrigo encima del de ella.- Y eso solo pasa cuando el instinto creativo se combina la organización.


-Ambas cosas me funcionan en el trabajo. Para el resto, soy un desastre de mujer.


-Todos somos un desastre, Paula. Hay gente que esconde el desorden en un armario o un cajón (al menos de cara a la galería), pero el desorden sigue existiendo.


-Y unos tienen más cajones y armarios que otros. Pero como ha sido un día muy largo, vale más que dejemos de lado la interpretación filosófica y te confiese que si te cuento esto es porque mi dormitorio está manga por hombro.


-¿Vas a por nota?


-Siempre y cuando la actitud puntúe muy alto. Suba, doctor Alfonso.


-Así que esto era la caseta de la piscina -dijo él siguiéndola por la escalera.


-Los Brown tenían una vida social muy activa y reformaron la caseta para recibir a sus invitados. Luego, cuando fundamos la empresa, hicimos reformas y la convertimos en un
estudio. Pero aquí arriba es donde tengo mi espacio particular.


Una gran suite ocupaba el segundo piso y, como vio Pedro, incluía una zona de estar, el lugar donde supuso que ella leería, se echaría una siesta o vería la televisión.


Dominaba el color, y el apagado y velado tono gualda de las paredes hacía de telón de fondo a todos aquellos intensos azules, verdes y rojos. Como un joyero, pensó él. Atiborrado de cosas, mezcladas y resplandeciendo. Ropa tirada sobre los brazos de las butacas. Jerséis de colores, blusas de tonos suaves. Los cobertores y las almohadas, esparcidos sobre la cama y el sofá, como si fueran piedras y ríos bravos.


Un espejo muy recargado colgaba sobre una cómoda pintada que servía de tocador. Allí se entremezclaban una multitud de objetos personales fascinantes: pendientes, revistas, botellas y botes. Las fotografías eran sus cuadros, retratos de seres queridos. Posando e improvisando, pensativos y alegres. Con esos personajes en la pared, nunca se sentiría sola.


-Hay muchas cosas tuyas en este espacio.


-Intento recoger un poco de vez en cuando.


-No, quiero decir que el espacio se identifica contigo. Abajo se ve tu faceta profesional y aquí, la personal.


-Y eso nos lleva a lo que te decía, cuando te comentaba que soy un desastre de mujer. -Abrió un cajón y metió en él un jersey olvidado-. Aunque tenga un montón de cajones.


-Hay mucho color, mucha energía aquí dentro. -así era como él la veía. Color y energía-. ¿Cómo duermes?


-Con las luces apagadas. -Se acercó a él y le tocó la magulladura de la mandíbula-. ¿Todavía te duele?


-En realidad... sí. -Solos, en su dormitorio-joyero, Pedro hizo lo que había deseado durante todo el día: besarla-. Así...-murmuró cuando notó el calor de sus labios-. Así me gusta.


Pau se abandonó entre sus brazos y suspiró apoyando la cabeza en su hombro. Sí, ya pensaría luego. Cuando no la abrazase, cuando no se sintiera aturullada por la fatiga y el deseo.


-Vamos a meterte en la cama -dijo Pedro besándola en la coronilla-. ¿Dónde está el pijama?


Pau tardó unos segundos en procesar la información, y entonces se apartó un poco para mirarlo-¿El pijama?


-Estás muy cansada -afirmó él acariciándole la mejilla-. Mira qué pálida estás.


-Sí, la de la rubicunda tez...Pedro, estoy haciéndome un lío. Creía que te quedabas.


-Y me quedo. Llevas de pie todo el día, en guerra casi todo el rato. Estás cansada. -Le desabrochó la chaqueta del traje con una práctica que le recordó a esa vez en que le había abrochado el abrigo-. ¿Qué te pones para dormir? Oh, igual duermes sin... -Sus ojos se posaron en ella-. Sin ropa.


-Yo... -Pau sacudió la cabeza, pero no acertó a ordenar ni uno solo de sus pensamientos-. ¿No quieres acostarte conmigo?


-Me acostaré contigo. Y dormiré contigo, porque necesitas dormir.


-Pero…


Pedro la besó, con dulzura, lentamente.


-Puedo esperar. A ver, el pijama. Espero que digas que duermes con pijama, porque si no, uno de los dos no va a pegar ojo esta noche.


-Eres un hombre extraño, Pedro, y desconcertante. –Pau se volvió, abrió un cajón y sacó unos pantalones de franela y una camiseta descolorida-. Este es mi pijama.


-Bien.


-No tengo nada que te vaya bien.


-De hecho, yo no me pongo... Oh. Ja, ja.


Él cambiaría de idea cuando estuvieran en la cama, pensó Pau mientras se desvestían. Ahora bien, acababa de apuntarse un buen tanto con sus buenas intenciones. Sí, estaba cansada, le dolían los pies y tenía la cabeza tonta, pero eso no significaba que no pudiera reunir fuerzas para practicar el sexo.


Sobre todo si se trataba de disfrutar a tope del sexo.


Cuando Pedro se metió en la cama, Pau se aovilló junto él, le acarició el pecho y acercó los labios a su boca. Lo excitaría, lo seduciría y luego...


-¿Te he contado la conferencia que voy a dar sobre el análisis metodológico y teórico de la novela centrado en el tema del localismo, en su sentido literal y metafórico?


-Ah... aja...


Pedro, a oscuras, sonrió mientras le acariciaba la espalda con suavidad, acompasadamente.


-Es para los alumnos del último curso.


Con un tono pausado y monótono que aburriría a un muerto, empezó a explicarle la conferencia. Y se la contó procurando que pareciera un rollo. Calculó que dormirla le llevaría cinco minutos como mucho.


Pau cayó fulminada en dos.


Satisfecho, Pedro apoyó la mejilla en la coronilla de la joven, cerró los ojos y él también se abandonó al sueño.



jueves, 9 de febrero de 2017

CAPITULO 31 (PRIMERA HISTORIA)





Dos horas después Pau terminó la jornada y buscó a Pedro hasta que dio con él en la cocina de Laura. Estaba sentado solo en el rincón de los desayunos, leyendo. Cuando ella entró, alzó la vista y se quitó las gafas.


-¿Todo despejado?


-Más o menos. Siento haber tardado tanto. Pedro, tendrías que haberte ido a casa. Es más de medianoche. Debí enviarte algún mensaje. Ay, tu pobre cara... -Pau torció el gesto al ver el morado que le había salido en la mandíbula.


-No es tan grave. Pero decidimos que era mejor que no quedara. Si salía, a lo mejor habría tenido que explicar cómo me había magullado. -Pedro se llevó los dedos con cautela al moretón-. Miento fatal, y esto era más sencillo. además, como me prometiste, había pastel.


Pau se sentó frente a él.


-¿Qué estás leyendo?


-Ah, Carla tenía una novela de John Irving que todavía no había leído. Me han cuidado, me han entretenido y me han dado de comer. Tus socias se han asegurado de que no me faltara de nada. Y Jeronimo y Daniel han venido a hacerme compañía. He estado muy a gusto.


-Ni siquiera temblaste.


-¿Cómo?


-Cuando ese cabrón de mierda te gritó. Apenas reaccionaste.


-Iba bastante borracho así que pocas fuerzas iba a tener. Pero se equivocó poniéndote las manos encima.


-Ni siquiera subiste el tono de voz. Lo hiciste callar. .. lo vi en su cara, incluso antes de que llegara la tropa. Y sin tocarlo ni levantar la voz.


-Debe de ser porque me dedico a la enseñanza. Y por mi dilatada y variada experiencia con abusones. ¿Se han marchado los recién casados sin problemas?


-Sí. No saben nada del incidente. Supongo que ya se enterarán, pero disfrutaron del día... que de eso se trataba. Y casi todo gracias a ti.


-Bueno, menuda experiencia. Solo me ha costado una mandíbula magullada y un par de zapatos.


-Y todavía sigues aquí.


-Te esperaba.


Pau se quedó mirándolo y luego se abandonó al instinto que le dictaba el corazón.


-Creo que será mejor que vengas a casa conmigo, Pedro.


Él sonrió.


-Será mejor, sí.





CAPITULO 30 (PRIMERA HISTORIA)





No estaba seguro de lo que el pensaba hacer y mucho menos de lo que pretendía ella. Pero cuando Pau salio disparada por el césped cubierto de nieve, Pedro instintivamente la cogió en brazos.


-¿Qué? ¿Qué haces?


-Llevas unos zapatos demasiado ligeros.


-¡Y tu también! ¡Bájame! ¿Cómo voy a dar una imagen dura y a imponerme si me llevas en brazos? Bájame, bájame o nos tomarán la delantera. -En el momento en que la soltó, Paula salio zumbando. Con paso largo, pensó Pedro. Como una gacela saltando por la nieve con sus largas piernas. El no tenía ninguna gracia y lo sabia. Pero podía ser rápido cuando debía.


La adelantó. Resbaló con torpeza en el sendero por culpa de sus zapatos, destrozados y rebozados de nieve, y eso redujo el impacto de la barrera, pero intercepto el paso al furioso padrino y a su querida actual.


-Lo siento. El señor y la señora Lester no desean la presencia de la señorita Poulsen en esta boda.


-Ella viene conmigo y vamos a entrar.


Pedro se fijo en que el padrino, más que furioso, iba algo bebido.


-Repito que lo siento, Pero tenemos que respetar el deseo de los novios.


Casi sin aliento, Pau llegó hasta ellos


-Sabes perfectamente, porque te lo hemos dicho varias veces, que tu amiga no está invitada a la fiesta


-Donny -protestó Roxanne tirando de la manga al padrino-. Dijiste que no sería un problema


Una mezcla de rabia y vergüenza hizo subir los colores a Donny.


-No habrá ningún problema porque lo digo yo. Es la boda de mi hermano y puedo traer a quien quiera. Meg se ha cruzado. Que le den. Ella no es nadie para decirme lo que debo hacer. Apartaos de mi camino. -Hizo un gesto de amenaza a Pau y a Pedro-. Vosotros solo sois unos mandados.


-Ella no entrará -dijo Pau. Calculó que después de tantos viajes al bar, el ego, el orgullo y el resentimiento nadaban en un mar de alcohol.


¿Por qué no llegaban los refuerzos?


-Lo has dicho hace un momento. Es la boda de tu hermano. Si ella tiene para ti más importancia que su felicidad, marchaos los dos. Esto es propiedad privada y tú amiga no esta invitada.


-Donny- Roxanne volvió a tirarle de la manga- No tiene ningún sentido…


-He dicho que tú vienes conmigo. -El padrino giro en redondo y se encaro con Pau-. ¿Quién carajo te has creído que eres? No eres nadie para hablarme así de mi hermano Y ahora, ¡fuera de mi vista! -Con los ojos inyectados en sangre el padrino la empujó.


Pedro se interpuso inmediatamente entre los dos.


-No vuelvas a tocarla. Estás borracho y esta claro que eres un imbécil. Voy a tener eso en cuenta. Tranquilo y cálmate. Estoy seguro de que en el fondo no querías hacer eso.


-Pues mira, sí quiero


Y el padrino dio un puñetazo en plena cara a Pedro. Del impacto, Pedro echó hacia atrás la cabeza, pero no se movió del sitio. Roxanne chilló y Pau soltó un taco. Antes de que diera un paso adelante, Pedro la empujo tras él para apartarla.


-Ella no va a entrar. Y tú ya no vuelves dentro. Lo único que has demostrado es que eres demasiado egoísta para pensar en nadie, excepto en ti mismo. Has puesto en ridículo a la señorita Poulsen y debería darte vergüenza. Pero no tendrás oportunidad de avergonzar a tu hermano y a su esposa en un día como hoy. O te marchas por tu propio pie o seré yo quien te ayude.


-¿Por que no lo ayudamos todos?- Dijo Daniel poniéndose junto a Pedro mientras Jeronimo aparecía por el otro lado.


-No creo que sea necesario- Carla rodeo el sendero y se abrió camino hasta ellos. De pie, clavo los ojos en el padrino, con la altanería de una reina del hielo vestida de Armani-. ¿Verdad que no, Donny?


-Tenemos cosas mejores que hacer. Vamos, Roxie. Este lugar es una cutrez.


-Me asegurare de que se marchen- Dijo Daniel sacudiendo la cabeza disgustado- Volved a la casa. ¿Cómo tienes la cara Pedro?


-No es la primera vez que me dan un puñetazo.-Pedro intento mover la mandíbula- Aunque siempre duele.


-Una bolsa de hielo. - Carla observo con frialdad al PCYM y a la PDLS mientras estos se alejaban- Emma.


-Acompáñame, Pedro.


-No pasa nada. De verdad.


-Una bolsa de hielo.- El tono de Carla no admitía un <<no>>.-Daré la señal de que todo esta despejado y volveremos. Que nadie se vaya del pico.


-¿Has visto lo que ha hecho?- murmuró Pau.


-¿Quién?


-Pedro. Él… cada vez que pienso que lo tengo todo controlado, entonces me descoloca. Me tiene desorientada.


<<aquí hay otra que también esta cruzada», pensó Dani mientras Pau se iba corriendo por el sendero para finaliza el trabajo.






CAPITULO 29 (PRIMERA HISTORIA)





Parecía que las cosas estaban saliendo bien, decidió Pedro


Si no hubiera visto tanto entre bambalinas, habría creído que todo iba como la seda. Las flores, la música, la radiante novia bañada por la luz de las velas. Se quedó detrás con Daniel y Jeronimo contemplando a las dos personas que se prometían amor eterno.


Pero no podía quitar los ojos de Pau.


Se movía con tanta suavidad, tan silenciosamente... Aunque no parecía una sombra. Era demasiado luminosa para ser confundida con una sombra. Sin embargo, apenas revolvía el aire y parecía centrar toda su atención en las dos personas situadas frente al crepitante fuego.


-Están locos el uno por el otro, ¿No te parece? -murmuró Daniel.


-Sí.


Cuando los recién casados se volvieron y enfilaron el pasillo,
Pau se precipitó hacia la salida y dio un codazo a Pedro para que torciera a la izquierda. Una vez en el vestíbulo, la fotógrafa bajó la cámara durante unos segundos.


-Te necesitaré para las fotos de grupo. Ponte detrás de mí.


Los invitados salieron por otra puerta. Pau aprovechó la escalera, el vestíbulo y la sala de recepciones, ya vacía.


Pedro observó que trabajaba rápido. No parecía darse prisa, pero iba disparando todo el rato, haciendo posar a los distintos grupos y a las parejas... y evitando con gran tacto cualquier situación que juntara a la belicosa dama de honor con el padrino.


En el momento de terminar, Carla tomó el control.


-Carla los hará poner en fila para las presentaciones. Iremos por este lado.


-Deja que te ayude con la bolsa.


-No, estoy acostumbrada. -Pau precedió la marcha. Recorrieron pasillos, entraron en la cocina, donde se apresuraban los del catering, y llegaron al salón principal-. Tomaré unas fotos cuando entren. Esa es la mesa de los novios, la del corazón. Es un almuerzo de varios platos, con mesas numeradas. Cuando todos se hayan sentado, solo es cuestión de estar atentos hasta que la oportunidad se presente. ¿Qué tal aguantas?


-Muy bien. Tú haces todo el trabajo.


-Todavía estamos en alerta roja. Hemos de vigilar al PCYM.
Si sale del salón, uno de nosotros tendrá que ir tras él para asegurarse de que solo va a hacer pis o a fumar un pitillo. Cuando terminemos y vayamos al salón de baile, será la locura. No iremos tan programados y costará más seguirle el rastro.


Pau tenía razón. Pedro se pegó a ella cuando comenzó la auténtica fiesta. Los invitados aprovecharon la música para ponerse a bailar o a charlar en grupos. La gente iba arriba y abajo. Pedro ya estaba avisado de su cometido y se fijó en que había varios miembros del personal junto a las puertas de salida. Aquello era muy excitante.


-Creo que ya ha pasado lo peor -dijo Laura acercándose a ellos-.Después del siguiente plato viene el pastel, y el padrino sigue sin moverse. Tampoco hay señales del objetivo. Los novios no parecen preocupados.


-Se les ve muy felices -afirmó Pau-. Dispararé noventa más y terminamos.


-Voy a comprobar la mesa del postre.


-Ya verás cuando pruebes un trozo -dijo Pau a Pedro-. De pastel. Es increíble.


-¿Pedro? ¡Pedro! -Una hermosa rubia vestida de rojo se le echó encima y, sujetándole los brazos, le sonrió-.Sabía que eras tú. ¿Cómo estás?


-Muy bien. Ah...


-Steph. Stephanie Gorden. La amiga de Corina. Qué rápido olvidan algunos... -Steph rió y se puso de puntillas para darle un beso en la mejilla-.No sabía que eras amigo de Naomi y Brent.


-En realidad soy...


-Brent es primo mío. ¡Qué boda tan bonita! Este lugar es una maravilla. ¿Te imaginas tener una auténtica sala de baile en tu propia casa? Aunque supongo que los Brown la alquilan para poder mantenerla. Tendré que ir a buscar a Greg. Te acuerdas de mi marido Greg, ¿verdad? Le darás una sorpresa cuando te vea. ¿Cuánto hace? Al menos un año. No te habíamos visto desde que tú y Corina... -Steph se interrumpió y lo miró con lástima-. Siento mucho que no funcionara. Pensábamos que erais perfectos el uno para el otro.


-Ah, bueno... no. Te presento a Paula Chaves. Es la fotógrafa de las bodas.


-Hola, ¿qué tal? ¡Debes de estar agotada! Te he visto corriendo por ahí y sacando fotos. Naomi te lo debe de haber puesto fácil. Es una novia preciosa.


-Sí, ha sido... facilísimo.


-Yo también he hecho unas fotos muy bonitas. Estas cámaras digitales prácticamente funcionan solas, ¿verdad?


-Desde luego. Yo apenas cuento. Tendréis que perdonarme. Voy a fingir que estoy trabajando.


Cuando Pedro volvió a encontrarse con Pau, ella estaba improvisando unas fotos en la pista de baile.


-Lo siento. No creo que tuviera la intención de ser grosera, pero es idiota y no puede evitarlo.


-No te preocupes.-Pau cambió de cámara y le pasó la sobrante-. Ponle la tarjeta de memoria. ¿Recuerdas como se hace?


-Sí.


-Están adornado la limusina. Quiero ir a hacer unas fotos antes de que traigan el pastel.


Pedro pisándole los talones, siguió a Pau hacia la salida.


-Rompisteis... ¿hace un año? -preguntó Pau.


-Eh... sí. Más o menos. Estuvimos juntos un año también, y convivimos unos ocho meses. Puede que nueve. Luego ella decidió que quería irse a vivir con otro. Y se fue.


Pau se detuvo.


-Te hizo daño.


-No tanto como habría podido, dada la situación. Eso significa que no éramos la pareja perfecta. Ni mucho menos.


-Si vivías con ella, debías de estar enamorado.


-No. Quería estarlo, que no es lo mismo. Paula... -empezó a decir Pedro cuando ya salían de la casa.


-¡Mierda, maldita sea, joder!


-¿Cómo?


-La PDLS. ¡Alerta roja! -grito al micrófono-.PDLS vista en el ala meridional de la entrada principal. El PCYM está con ella. Vamos, Pedro. Tenemos que cortarles el paso mientras esperamos refuerzos.