miércoles, 8 de febrero de 2017

CAPITULO 27 (PRIMERA HISTORIA)




El sábado por la mañana Pau notó que había vuelto a recuperar el equilibrio. La celebración del viernes no solo había salido a pedir de boca, sino que encima Votos se había asegurado otro cliente. Los padres del novio habían reservado la organización de su aniversario de boda para el noviembre próximo.


Además, Pau había trabajado con una novia alegre y relajada que se dejaba fotografiar como ninguna.


El estado de agitación le había permitido ocuparse de las fotos hasta bien entrada la medianoche.


Y solo había leído el correo de Pedro dos veces más antes de dejarse caer en la cama y abandonarse a un sueño profundo.


Solo era cuestión de centrarse, se recordó. De conocerse: las capacidades, las debilidades, los objetivos... Tenía que desacelerar un poco con Pedro, dejar claro en qué punto de la relación se encontraban... y marcar dónde ponían los límites. Así podrían disfrutar el uno del otro y nadie saldría trasquilado.


Había exagerado. Era consciente de ello. Más espacio, una cierta distancia, un poco más de tiempo... y todo se equilibraría. Ese fin de semana de locura y el campo de minas que representaba la boda que se iba a celebrar serían el perfecto antídoto. Al cabo de unos días, quizá una semana, charlarían un rato. Pedro era un hombre razonable. Comprendería que no tenia sentido <<eso>> que había entre los dos se les escapara de las manos.


Estaba segura de que a él lo habían herido en una relación anterior, aquella misteriosa Corina... Y obviamente no debía de querer repetir la experiencia. De hecho, Pau decidió que era probable que él sintiera lo mismo y que le agradecería que pusiera las cartas sobre la mesa.


De una manera amistosa, racional, directa. Justo lo que necesitaban.


En el terreno laboral, sus socias y ella estarían pendientes de que todo se negociara dentro del campo de minas en el que se moverían ese día. Sin que hubiera bajas.


Eligió un traje gris perla con un suave acabado brillante y unos zapatos de tacón bajo para ir bien vestida durante la ceremonia oficial y también lo bastante cómoda para pasarse de pie todo el día.


Mientras reunía el equipo, revisó sus notas e impresiones. 


Recordó que el vestido era el plato fuerte, con su refulgente cuerpo bañera y una falda de inacabables metros. También recordó que la novia era una fanática de la gimnasia y tenía un buen tono muscular. La pareja, que eran novios desde los tiempos de la facultad, era muy tradicional.


Bien pertrechada y dispuesta, Pau llegó a la casa principal


-¡Alerta roja!


Pau se quedó boquiabierta cuando vio que Emma bajaba volando la escalera.


-¿Ya hay problemas?


-No contestabas al teléfono, y tampoco al móvil.


-Acabo de salir del estudio y todavía no he conectado el móvil. ¿Qué pasa?


-A la DDH le ha llegado el soplo de que el PCYM planea llevar a la PDLS a la recepción. Es su manera de interpretar los compromisos, cosa que no se ha molestado en comentar ni con el novio ni con la novia. Los dos se han enterado y amenazan con llegar a las manos con el PCYM, cosa que se merece el cabrón, si hemos de hacer caso de los rumores. 


Carla está apagando fuegos.


-Mierda, mierda... -A Pau no le costó descifrar el código. 


Padrino cabrón y mentiroso. La pelandusca de la socia. Si alguien era capaz de apagar fuegos, esa era Carla.


Pero no estaban saliendo bien las cosas.


-¿Cuál es el orden del día?


-Alertar a los ayudantes. Carla tiene una foto de la PDLS que se encontró en un artículo del periódico. Está haciendo fotocopias. Todos los ayudantes han de llevar una. Si alguien la ve, hay que detenerla, cortarle el paso, tumbarla al suelo. -Y como para demostrar que iba en serio, Emma se dio un puñetazo en la palma de la mano-. Lo que sea hasta que Carla pueda hablar con ella.


-Espero que lo arreglemos tumbándola al suelo. Menuda foto para el archivo de exteriores.


-Laura ha contactado con Jeronimo para decirle que no tarde en llegar y que convenza a la DDH de que se olvide de planear su venganza. Por mi parte, tengo que reunir a mi gente y darles instrucciones para que empiecen a transportar las flores. Laura todavía tiene que solucionar el pastel. Es el Seda y Encaje.


-Ya lo sé. Lo tengo en las notas.


-Pesa una tonelada y tiene que poner la filigrana de perlas y la tiara en el centro en el momento de presentarlo. Necesitará que un par de personas la ayuden a moverlo, lo cual significa que abra menos gente para controlar a la PDLS.


>>El informe previo ya no sirve -añadió Emma cuando recuperó el aliento-. O sea, que improvisaremos al minuto. Tienes que ayudarnos en el montaje del salón principal. Te enviaremos una señal cuando veamos a la novia.


-Vale, ya me pongo. Deja que primero empiece a mover ficha en la suite de la novia. Resistid.


-Me meteré caña... Voy volando.


En la suite de la novia, en el piso de arriba, Pau se colgó encima la bolsa donde guardaba la cámara y los objetivos.


 Añadiría una segunda cámara al equipo cuando llegara la novia. No obstante, antes de regresar a la planta baja, subió al tercer piso para comprobar los progresos de Carla.


Y encontró a su amiga abriendo un paquete de Almax.


-¿Tan mal va eso?


-No, no. Ya está bajo control, pero me he cabreado. Acabo de hablar por teléfono, porque me lo ha pedido la novia, con el PCYM, que, para empezar, me ha hecho saber que nadie, ni siquiera su hermano, va a decirle con quién puede o no puede salir. Será egoísta, el jodido niñato.


-Has dicho <<jodido>>. Estás cabreada.


-Y entonces, entonces va y me busca las cosquillas por haberme metido en su vida privada. Y me tengo que aguantar, porque vale más que hable conmigo que con la novia o el novio, pero me entran unas ganas de zurrarle... Consigo que se calme apelando a lo que le quede de decencia y consideración. Me dice que representará su papel y que luego se marchará, después de brindar (de todo corazón) por la nueva pareja.


-¿Le has creído?


Carla entrecerró los ojos.


-Ni por asomo. Quiere montar una escena. Tendremos que vigilarlo de cerca, porque va a meter a esa mujer en el convite si no lo impedimos, dato que no vamos a comentar con nadie de los invitados a la boda.


Exhalando de puro nerviosismo, Carla entregó a Pau un montón de fotocopias donde aparecía la fotografía de una rubia atractiva. A los pies de la reproducción se leía:
ROXANNE POULSEN PROHIBIDO EL PASO


-Repártelas entre los ayudantes. Le daré a Laura otro montón para los del catering.


-Ya voy. ¿Sabes qué, Carly? Algunas veces disfruto de verdad con este trabajo. Y por extraño que parezca, esta es una de ellas.


-Estoy de acuerdo contigo -respondió Carla masticando un antiácido-. Seguro que necesitamos terapia.







CAPITULO 26 (PRIMERA HISTORIA)





No estaba segura. ¿Cómo iba a estarlo nadie? Sin embargo, Pau sabía que lo único que podía hacer, que tenía que hacer de hecho, era alejar sus pensamientos y centrarse en el trabajo. Sus socias, su empresa y sus clientes dependían de que ella hiciera bien su papel. Por eso tenía que tranquilizarse y respetar las prioridades.


«Una noche de descanso y empezaré la ornada muy temprano», decidió. Se concentraría de lleno, como una profesional, en las necesidades de los clientes.


Se pasó la noche inquieta, discutiendo consigo misma, y luego pensó, con amargura, que no perdía una noche de sueño por culpa de un hombre desde que tenía dieciséis años.


Preparó un café tan fuerte que habría podido ponerse en pie y empezar a aullar, pero el colocan de la cafeína le sirvió para disimular la fatiga. Pensó que si comía unas galletas rellenas parecería que tenía el apetito y la estabilidad emocional de una niña de seis años y se preparó lo que consideró que era un desayuno de adulta: yogur, fruta fresca y una magdalena que había robado del montón que Laura había preparado.


Tras cumplir con la obligación de lavar los platos, Pau repasó las notas de la celebración de la jornada y comprobó el equipo. Una ceremonia bastante sencilla, se dijo mientras elegía lo que necesitaba. Una única invitada que haría DDH. 


La clienta quería intimidad y sencillez.


Sabía que la novia había optado por llevar un vestido de cóctel azul y un sombrero muy acertado en lugar de velo y tocado.


Como ramo, tres gardenias blancas con los tallos envueltos con una cinta de satén.


Muy buena elección, en opinión de Pau, puesto que esa iba a ser la segunda boda de la pareja.


<<¿ Lo ves ?>>


-No empieces -musitó.


El PDNA acompañaría a la novia por el pasillo, pero se saltarían la parte de entregarla al novio porque, en fin, eso ya lo había hecho antes.


Una vez comprobados el equipo, el horario de la boda y las notas, Pau consultó cuánto tiempo le quedaba. El suficiente para revisar rápidamente su correo electrónico.


Cambió la aplicación, escaneó y localizó de inmediato un correo sin abrir de <<AlfonsoP101››. Se levantó del ordenador y empezó a caminar arriba y abajo por el estudio.


Se dirigió a la cocina y se sirvió otra taza de ese café tan potente.


No tenía por qué abrir el correo en ese momento. De hecho, le convenía no abrirlo. Era preciso que se concentrara en el trabajo. Eso era lo más responsable. Lo que hacen los adultos, como tomar yogur y fruta fresca.


No podía ser urgente. La habría llamado si tuviera algo importante que decirle. O que discutir con ella.


Por ejemplo: ¿por qué me despachaste después de haber hecho que te corrieras?


Y no lo decía porque él tuviera por costumbre hablar de un modo tan soez.


Lo que tenía que hacer era ir arriba, ducharse, vestirse, acercarse a la casa principal y asistir a la reunión para revisar detalles y dar el visto bueno. No tenía tiempo para nada personal...


-Oh, por favor, ¿a quién estás engañando?


Pau se acerco al ordenador y abrió el correo electrónico de BOOTH.


Paula:
He sacado esta dirección de tu tarjeta de visita. Espero que te parezca bien que haya contactado contigo de esta manera. Como sabia que hoy estarías muy ocupada, he preferido no llamarte para no molestar.
quería decirte en primer lugar que lo pasé muy bien ayer por la noche. Cada minuto que estuve contigo. Mi casa es hoy un lugar más alegre y pleno gracias a tu presencia.


-Ay…Pedro


Al margen de eso, y en nombre de Bob, su mujer y el hija que todavía no ha nacido, te expreso el alivio que siento por no haber tenido que asesinarlo. Te lo debe a ti.
Por ultimo, y por si has estado buscándolo, encontré uno de tus guantes en los bajos del armario. Debió de caerse cuando cogiste el abrigo. Al principio se me ocurrió pedirte si podrías concedérmelo como prenda, tal y como las mujeres de la Edad Media hacían con sus caballeros. Sin embargo, pensándolo mejor, creo que algo así impone un poco; incluso a mi me daría miedo.
Te lo devolveré.
Mientras tanto, espero que la celebración de hoy os vaya muy bien. Mis mejores deseos a la feliz pareja.
PEDRO


-Ostras...


Con la idea de que Pedro Alfonso era como una droga que le pedía el organismo. Pau releyó el correo de cabo a rabo.


 Y aunque eso hizo que se sintiera como una tonta, lo imprimió, se lo llevo arriba y lo metió en un cajón.







CAPITULO 25 (PRIMERA HISTORIA)






<<Oh, soy terrible. Estoy como una cabra», pensó Pau mientras conducía hacia su casa. Seguramente iría al infierno. Se lo merecía. Ahora bien, había hecho lo correcto, lo único que podía hacer. Por ella y por Pedro.


«Sobre todo por Pedro», se dijo.


¿Irse al infierno? Menuda estupidez. Tendrían que darle una medalla, erigirle una estatua, qué caramba, por hacer lo correcto.


Había hecho lo correcto, y punto en boca. Ahora las cosas saldrían bien. Todo iría bien.


Perfecto.


Vio que las luces de la casa principal estaban encendidas y pensó: «Gracias a Dios». Carla y Laura estarían de acuerdo con ella. Apoyarían su decisión. Eso era lo que necesitaba. 


Paula se detuvo con un chirrido frente a la casa. Unos pensamientos positivos de amiga le irían bien para deshacer aquel nudo que sentía en el estómago.


Entró como una exhalación en la casa y subió a toda prisa la escalera dando voces.


-Estamos aquí arriba. -Carla salió al descansillo-. Ostras, ¿qué te pasa? ¿Has tenido un accidente?


-No, lo he hecho a propósito. O puede que no. Había una lista.


-Vale. Queda claro que no estás herida. Estamos en la salita de mi cuarto repasando los últimos detalles, para aprovechar que aún no nos hemos acostado.


-¿Emma también?


-Sí.


-Bien, muy bien, mejor aún.


Pasó zumbando junto a Carla y entró en la salita, donde Laura y Emma estaban tomando un té con galletas y revisando unos dossieres.


-Eh, nos imaginábamos que llegarías mañana por la mañana arrastrándote avergonzada. -Laura dejó caer su lápiz-. Estábamos pensando en instalar una cámara de vídeo.


-¿Qué tal fue la cena? -preguntó Emma.


-Me marché. Tenía que marcharme. -Pau, con los ojos un tanto desorbitados, se quitó el abrigo-. Vosotras habríais hecho lo mismo.


-Vaya, pues sí que fue bien... -Laura cogió la bandeja-. Toma una galleta.


-No, no. Había hecho un ensayo el martes. ¿Os lo podéis imaginar? Y esta noche ha preparado una cena maravillosa con velas y reducciones de vino.


-Reducciones de vino. -Carla se sentó entre murmullos-. Gracias a Dios que has salido viva de esta. Tendríamos que llamar a la policía.


-Esperad, no entendéis la situación. -Pau, procurando calmarse, respiró hondo varias veces, pero no pareció servirle de nada-. Se lo tomó muy en serio y la noche salió redonda. Me lo pasé muy bien. Bob había hecho una lista.


-¿Quién demonios es Bob? -preguntó Laura.


-Da igual, pero Pedro estaba avergonzado. Es tan mono...Se le ponen rojas las orejas.


-Ayyy -exclamó Emma.


-Sí, ya lo sé. ¿Qué quieres que haga? Estaba emocionadísima. Tenía que acostarme con él.


-En mi caso, cuando a un tío se le ponen rojas las orejas, me arranco la ropa. -Al ver que Pau no parecía querer galletas, Laura cogió una-. Es decir, que practicasteis el sexo.


-No practicamos el sexo. Tuvimos un sexo asombroso, matador, para fundirte las neuronas, el mejor de toda la historia de la humanidad.


-Esto se pone interesante. -Carla se cruzó de piernas-. ¿Fue un sexo tierno, de esos suaves, que harían llorar a los angeles o un sexo con tambores selváticos y acrobacias?


-Fue… Nadie me había hecho sentir de esa manera, y yo jamás había impresionado tanto a alguien. -Pau se sentó en el brazo de la butaca de Carla y contempló el fuego intentando encontrar las palabras-. Es como saber que eres el centro, lo único que él ve, que solo te ve a ti. Y eso es tan tierno y excitante...es terrorífico, increíble. Es saber que existe una persona que solo te ve a ti. Y que cuando te toca, no existe nadie más para él.


Se oyeron tres suspiros de fondo y se hizo un momento de reverente silencio.


-¿Por qué no estás en la cama acurrucada junto a él?-preguntó Emma.


-¡Pero qué dices! -Pau se giró de golpe para mirar a Emma de frente-. ¿No has estado escuchando?


-Escuchando, imaginando y muriéndome de envidia.


-Tenía que marcharme. Quería quedarme, por eso tenía que marcharme. -Pau, gesticulando exageradamente, se puso en pie. -Quería quedarme acurrucada allí, con él. Quería quedarme a vivir en esa condenada cama, por eso tenía que salir de esa casa.


-Te entró el pánico -espetó Carla.


-Claro que me entró el pánico. ¿Y a quién no le entraría? Él va y se queda tan dulce, soñoliento, satisfecho... y con esa pequeña cicatriz de subirse a una valla.


-¿Pedro se sube a las vallas? -preguntó Emma.


-No, déjalo... No cambiemos ahora de tema. Os digo que fue como si me hubieran hipnotizado o drogado. Tenía que salir de allí. Y... ay, me porté como un hombre. -Mientras recordaba la anécdota, Pau se llevó las manos a la cabeza-. ¿Sabéis esos que se apartan de ti al minuto siguiente, se levantan y dicen: «Ha sido fantástico, bonita. Mañana tengo que despertarme temprano. Te llamaré»?


-Oh, Pau, no me digas que...


Pau hizo un gesto de advertencia a Emma.


-Tenía que hacerlo. Fue por instinto de supervivencia. Mío y de Pedro también. Se suponía que el sexo acabaría con mi lasciva, no que me dejaría atontada. Es una pasada, eso es. Ese hombre es demasiado para mí. Es dulce, divertido, inteligente y muy amable. Es sexy y lleva esas gafas que... Además, se le ponen rojas las orejas. Le encanta dar clases. Le vi dando una clase y es... Se me ha quedado clavado aquí dentro. -Pau se llevó la mano al pecho-. El sentimiento, la necesidad... no me los quito de aquí dentro.


Pau cogió la taza de té que tenía más a mano y se la bebió de un solo trago.


-Me presta atención. Me escucha y piensa en lo que digo. Me hace reflexionar.


-Pues alguien va a tener que pararle los pies –sentenció Laura con un gesto de negación-. Pau, cariño, te has enamorado de él.


-Eso, ni lo sueñes. ¿Por qué crees que me marché de esa manera? Noté como si me fueran a tragar las arenas movedizas. Solo que son unas arenas blandas, cálidas y preciosas. No estoy hecha para estas cosas. No creo en ellas. No duran. Solo cuenta el momento, una sucesión de momentos, hasta que todo se va a la porra o se erosiona y desaparece. Decidme, ¿cuántas bodas de divorciados hemos organizado? Caray, incluso hemos celebrado bodas de divorciados por segunda vez. ¿Quién quiere algo así? Conozco lo que pasa cuando todo termina. No vale la pena.


-Saquémosle punta al tema -propuso Laura-. Tienes miedo de enamorarte de un hombre al que acabas de describir como la Mary Poppins de los hombres. Prácticamente perfecto en todos los sentidos -explicó cuando las demás la miraron con aire desconcertado-. Te entró el pánico y huiste después de haber practicado el sexo como si fuera una experiencia religiosa con un tío al que respetas y admiras y por el que estas loca; y todo porque tu madre es un putón orejero.


-¡Laura!


-No -dijo Pau interrumpiendo a Emma-. Es cierto. Mi madre es un putón orejero. Pero ella no lo sabe, y eso es lo que quiero decir. Ella cree que se ha pasado la vida buscando amor cuando en realidad ha ido tras el dinero, la posición y la seguridad, y ella juraría que todo lo ha hecho por amor. Mi padre se largó para no verla más, cosa de la que no le culpo, pero tampoco quiso verme a mí, y eso sí que se lo reprocho, y solo porque no valía la pena hacer el esfuerzo.


-Ellos no son como tú, Pau -dijo Carla con calma.


-No, ya lo sé. Y quizá es cínico creer que no son la excepción, tal y como está el patio, pero así es como lo veo yo. Además, me gusta la vida que llevo, me encuentro cómoda. –Más calmada, Pau volvió a sentarse-. Pedro es un hombre que va en serio. En lo más hondo de su ser, es un hombre serio con una mentalidad tradicional; un hombre que está enamoradísimo de mí, eso es lo que pasa. Su enamoramiento está vivo desde hace años. Si le doy alas, empezará a pensar en contratarnos para la celebración. Terminará preguntando a Carla dónde debería comprar el anillo. Y yo no puedo hacerle eso. He acertado marchándome. Es mejor cortar de raíz antes de...


-¿Arriesgarte a ser feliz con alguien que está loco por ti? -sugirió Emma.


-Vale, si quieres decirlo así... sí. Como yo lo veo, es más o menos así.


-¿Puedo quedármelo?


Pau lanzó una mirada furibunda a Laura.


-No tiene gracia.


-No, la verdad es que no.


-¿Dices que como tú lo ves, es más o menos así? –Emma analizó a Pau con sus grandes ojos oscuros-. Lo dices porque nadie ha estado loco por ti antes, no en serio, de una manera firme y auténtica. Y tú nunca has sentido eso por nadie. Lo sé porque yo me encuentro en la misma situación... diría que todas lo estamos. La diferencia es que, en mi caso, yo espero que eso me suceda algún día.


-Y de ahí viene lo de salir con uno detrás de otro.


-Déjalo, Laura -le dijo Carla.


-Tienes razón. Lo siento. Me he puesto quisquillosa porque tengo celos. Unos celos de muerte. A mí nadie me ha mirado con esos ojos.


-Pero él me ve a través del filtro de un antiguo enamoramiento.


-No conozco a Pedro tanto como tú, en el sentido bíblico de la palabra o como quieras llamarlo, pero yo diría que ese hombre es mas listo de lo que parece.


-El amor y la inteligencia no van de la mano.


-No. -Laura hizo aspavientos-. Y aquí tienes la prueba, en carne y hueso. Estás enamorada como una imbécil de ese tío.


-Lo que dices no me sirve de nada. ¿Y tú, Carla?


-Tienes miedo de enamorarte de él. De que, como en el fondo es una buena persona, puedas pisotearlo, romperle el corazón y dejarlo hecho polvo.


-Suena un poco teatral, pero sí. Básicamente es eso.


-Y por eso estás dispuesta a creer que eres incapaz de tener una relación madura y comprometida. No solo crees que no mereces amor, sino que dudas de tener las pelotas suficientes para poder conservarlo.


-Es un poco brutal, pero...


-Creo que lo infravaloras, a él y a ti también. -Carla se levantó y se acercó a la repisa de la chimenea para coger una fotografía enmarcada en plata-. ¿La recuerdas?


Paula cogió una foto donde salían los padres de Carla, abrazados y riendo, con la mirada alegre, llenos de vida, embebidos el uno en el otro.


-Claro que sí.


-La hiciste tú unos meses antes de que murieran. De todos los retratos que conservo de ellos, este es mi favorito. ¿Sabes por qué?


A Pau se le humedecieron los ojos. Siempre le pasaba.


-Se ve lo mucho que se amaban-siguió diciendo Carla-. Lo felices que eran el uno con el otro. Se peleaban y discutían, y a veces imagino que llegaron a aborrecerse. Pero se amaban. Se pasaron media vida esforzándose por que su relación funcionara. Y eso lo captaste tú en esta imagen. Porque tú lo viste. Lo reconociste.


-Eran excepcionales.


-Y tú también. No pierdo el tiempo con amigas que no lo sean.- Carla tomó la fotografía y volvió a dejarla sobre la repisa-. Date un respiro, Pau. El amor da miedo, y a veces es pasajero. Pero vale la pena correr el riesgo y ponerse nerviosa. Incluso vale la pena el sufrimiento.









CAPITULO 24 (PRIMERA HISTORIA)





Se sentía ebria y drogada. Hasta los dedos de los pies se le habían entumecido. El aire entraba y salía de sus pulmones. 


Menos mal. Estaba segura de que había dejado de respirar varias veces mientras Pedro la había…


Aniquilado, decidió.


Incluso entonces, tumbado sobre ella, como quien acaba de sufrir un traumatismo causado por la fuerza bruta, y con sus corazones latiendo acompasados como un par de frenéticas pelotas de tenis, Pedro le rozó el cuello con los labios


-¿Estas bien?


¿Que si estaba bien? ¿Estaba bien él de la cabeza? 


Estabas bien cuando resbalabas en el hielo y te agarrabas para no caer y romperte un tobillo. Estabas bien cuando te metías en una fantástica bañera de agua caliente después de un día duro.


Pero no estabas bien cuando te habían vuelto del revés el organismo para ponértelo luego del derecho


-Sí-¿Qué podía decir?-¿Y tú?


-Mmm…Paula está desnuda en la cama, a mi lado. Estoy en el cielo.


-Todavía llevo puestas las botas.


-Si mejor aún. Perdona, seguro que peso.- Pedro se dejo caer de lado y la volteo para tenerla encima.


-Pedro, eres casi tan flacucho como yo. No pesas.


-Ya lo sé… lo de flacucho, quiero decir. Pero no parece haber manera de cambiarlo. Cor… una vez me dijeron que buscara un entrenador personal, pero no tengo tiempo para eso. El ejercicio no forma parte de mi ADN.


-Tienes un cuerpo larguirucho y muy bonito. No dejes que nadie te diga la contraria. además, lo usas como un estibador.


-He estado reservándome.- Sonrío y examino su cara-. Eres tan bonita.


-No es verdad. Te lo dice una profesional del gremio. Tengo una cara interesante y se como manipular su atractivo. también tengo una constitución delgada, que armoniza bastante bien un eso… En fin, en realidad yo también estoy pensando en hacer ejercicio, porque mi cuerpo es como una percha. La ropa le sienta muy bien, pero, por el resto, es puro alambre.


-Eres preciosa No dejes que nadie te diga la…lo contrario. Lo siento, no puedo evitarlo. Es lo contrario.


Pau río y le dio un codazo


-Sí, profesor. Cuantos cumplidos… para después del coito.


-Siempre has sido hermosa. Tienes el pelo rojizo y los ojos de una bruja marina Y se te marcan los hoyuelos.- Pedro pensó que si le daba quince minutos mas, podría lamerla como a un helado y ver como volvía a elevarse.


Pau inclino la cabeza para sonreírle. Él había cerrado los ojos y tema la expresión relajada. así era como debía de estar cuando dormía, pensó. Si se despertara antes que él, lo vería de esa manera.


Le acaricio la mandíbula con un solo dedo, perezosamente.


-Esta pequeña cicatriz me intriga ¿Qué es?


-Un error de cálculo en una valla.


-¿ Saltas vallas? ¿Vallas y muros como el capitán Jack Sparrow?


-Ojalá. Apuesto a que te atrae Johnny Depp.


-Estoy viva. Soy una mujer. Siguiente pregunta.


-Este hombre atrae a todas las generaciones. Interesante. Las mujeres maduras lo encuentran atractivo, sexualmente quiero decir, y también las adolescentes de mi clase.


-Yo lo vi primero. Ahora bien, de hecho acabo de encontrar a otro hombre muy atractivo sexualmente. Un error de cálculo en una valla- le espetó Pau sonriendo.


-Ah, eso... Escapaba de un par de chicos que querían divertirse dándome una paliza. Tuve que subirme a una valla y, con mi acostumbrado estilo ágil y desenvuelto, que por desgracia no se parece al de los piratas ni al de los actores que los representan, resbalé. Me hice un buen corte con el alambre.


-Auu. .. ¿Cuándo fue eso?


-La semana pasada.


Pau, riendo a carcajadas, se puso encima de él


-Qué brutos esos enanos.


-Es cierto. Yo tenía diez años, pero ellos eran unos enano muy brutos.


-¿Te libraste?


-Esa vez, sí.


Pedro tiró de su pelo para atraerla hacía sí y besarla. 


Suspirando, Pau recostó la cabeza en su hombro.


¡Qué bien se estaba acurrucada así!, pensó. Piel contra piel, ambos corazones latiendo acompasadamente, y junto a un hombre ridículamente atractivo en todos los aspectos, pero pendiente de cada centímetro cuadrado de su cuerpo.


Podría quedarse así, tal cual, durante horas. Días. Medio dormida, calentita, entre los brazos del delicioso Pedro Alfonso.


Y por la mañana, podrían...


De repente, Pau abrió los ojos. ¿En qué estaba pensando?


¿Qué estaba haciendo? ¿Por la mañana? ¿Horas, días? Un súbito ataque de pánico le hizo incorporarse.


-¿Qué pasa?


-¿Qué? Ah, nada, nada. ¿Qué quieres que pase?


Pedro se sentó junto a ella, todo despeinado y sexy, hasta el punto de que Pau comprendió que su corazón y sus hormonas la amenazaban con destruirla.


Tenía que salir de allí. En ese preciso instante. Volver a la realidad. Volver a la cordura antes de hacer alguna idiotez como de enamorarse.


-Yo, es que… ¡Caray, mira que hora es! Tengo que irme.


-¿Irte? Pero…


-Ha sido fantástico. Todo… de verdad, fantástico.- Maldita sea, solo llevaba las botas puestas-. He perdido la noción del tiempo y se me ha hecho tarde.


Pedro, atónito, miro el reloj.


-No es muy tarde. No te…


-Es noche de colegio- dijo la joven intentando por todos los medios parecer alegre mientras andaba a la búsqueda de su ropa interior y el pánico se acercaba galopando como un caballo salvaje.


¿Donde estaba el sujetador? ¿Donde había ido a parar el sujetador?


A la porra con el sujetador


-Tengo un millón de cosas por hacer y mañana empiezo muy pronto.


-Pondré el despertador. De todos modos, yo me levanto antes de las seis. Quédate, Paula


-De verdad, ojalá pudiera. De verdad- ¿Cuántas veces era capaz de decir «de verdad» en cinco minutos? Estaba a punto de batir el record-. En fin, el deber me llama. No, no te levantes.


<<Por favor, por favor no se te ocurra levantarte», pensó Pau saliendo de la cama


-Quédate- le dijo Pedro acariciándole la mejilla mientras ella se ponía la blusa-. Quiero dormir contigo.


-Esto no estaba en la lista, pero lo hemos pasado genial- añadió ella con una amplia y luminosa sonrisa.


-Duerme conmigo.


-Oh, qué detalle, Pedro. Me encantaría... en otra ocasión. Tengo tres celebraciones, una presentación... Voy liada, muy liada. -Le dio un beso a toda velocidad-. Tengo que marcharme ya. Gracias por todo. Te llamaré.


Y salió volando.



martes, 7 de febrero de 2017

CAPITULO 23 (PRIMERA HISTORIA)




¿La habían besado así alguna vez, de un modo que al encontrarse los labios y las lenguas, todo su cuerpo vibrara? ¿La habían seducido tanto, de palabra y gestos, como con ese único y asombroso beso?


¿Cómo era posible que se hubieran vuelto las cosas de esa manera? Ella había pensado seducirlo y, medio en broma, medio en serio, llevárselo arriba, a la cama. Creyó que sería algo fluido y relajado, como la velada misma, y que eso desharía el nudo de lujuria que la atenazaba cuando estaba cerca de él.


Debía ser simple, básico.


Pero no lo fue.


Pedro le rozó las mejillas y el entrecejo con los labios, y esos serenos ojos azules la observaron mientras le desabrochaba la blusa. Apenas la tocó, pero a ella se le cortó la respiración. Casi ni la rozó, pero pasó a ejercer el control.


De pie, bajo la suave luz, con esos ojos clavados en ella, Pau se dejó llevar.


Cuando hubo desabrochado la blusa, Pedro le recorrió con la yema de un dedo la clavícula y bajó hasta la protuberancia de sus pechos. Tan solo un susurro, un leve roce. Pero a ella se le erizó la piel.


-¿Tienes frío? -preguntó él cuando vio que temblaba.


-No.


Y Pedro sonrió.


-Entonces…-Lentamente, le deslizó la blusa por los hombros y dejó que cayera al suelo-. Preciosos -murmuró pasando los pulgares por las copas bordadas del sujetador.



Pau exhaló, se quedó sin respiración y luego volvió a recuperar el aliento.


-Pedro, me dejas sin sentido.


-Me encantan tus ojos. Mares mágicos. -Le recorrió con los dedos el torso, dejando en su estela la huella de una vibrante sensación-. Siempre he querido contemplarlos cuando te tocara. Como ahora.


Paciente, sin tregua, exploró su cuerpo. Las protuberancias, los huecos, las curvas y los ángulos. Mientras Pau reaccionaba temblando, él le desabrochó un botón de la cintura y le bajó la cremallera.


De nuevo le acarició los costados, centímetro a centímetro. 


Y le deslizó los pantalones cadera abajo, por las piernas.


-Ahora levanta un pie -dijo cogiéndola de la mano.


Pau obedeció como una mujer en trance y notó que se le aceleraba el pulso al pasear él la mirada por su cuerpo como antes había hecho con las manos. Lentamente.


-Me gustan tus botas. -Pedro esbozó una sonrisa.


Pau desvió la mirada y vio que iba vestida con los botines de tacón fino, el sujetador y las braguitas.


-Menudo estilazo.


Sonriendo, Pedro metió el dedo en la cinturilla de las braguitas y la atrajo de nuevo hacia él, arrancándole una exclamación.


En esta ocasión su boca enfebrecida se apoderó de la suya, como un relámpago de fuego. Y mientras ella se derretía, Pedro la volvió de espaldas y le mordisqueó el cuello haciéndole inclinar la cabeza hacia atrás.


Se demoró con una mano en su suave piel, en los ángulos y las curvas, mientras con la otra se desabrochaba la camisa. 


En contacto con su cuerpo, Pau le pasó el brazo por la nuca y empezó a moverse sinuosamente.


«No vayas demasiado deprisa», se recordó Pedro. Quería saborear cada momento, el roce, el aliento… Tenía a Paula en sus brazos.


Notaba los fuertes latidos del corazón de ella bajo su mano y pensó que solo eso ya era un milagro. Paula estaba con él, le sentía, le deseaba... Y esa noche, por fin, los sueños del muchacho, los deseos del hombre serían eclipsados por la realidad de estar con esa mujer.


Se quitó los zapatos y se recreó con el sabor y la textura de su nuca. Atrapó el tirante del sujetador con los dientes y lo apartó para liberar la bella curva de sus hombros.


Pau se arqueó contra él, estremecida.


«El placer -pensó Pedro-. Tanto placer que dar y que tomar...>> Quería complacerla, saturarla de sensaciones y contemplarla elevándose y cabalgando. Sintiendo los latidos de su propio deseo, Pedro le desabrochó el sujetador con una mano y con la otra rozó la estrecha uve de sus braguitas. Le acarició la cara interna del muslo y jugueteó con el dedo bajo el encaje.


-Pedro. -Pau le cogió la mano para que siguiera, pero él, apartándose, la volvió hacia sí.


-Lo siento. No he terminado todavía.


En esos mágicos ojos se habían formado tempestades y la piel de porcelana se había teñido con el rubor de la pasión. 


Por él, pensó Pedro. Otro milagro. Pau lo abrazó y lo besó con impaciencia.


«Espera -pensó él bulléndole la sangre-. Aguarda, hay más›> La condujo a la cama y se acostó con ella.


-Las botas... -insinuó Pau.


-Me gustan. -Y bajó la cabeza para tomarla por el pecho.


El cuerpo de la joven se estremeció, refulgió, dolorido y susurrante. Su mente se vació de todo lo que no fuera él y lo que él le ofrecía. Unas manos parsimoniosas y unos labios sabedores inundaron su cuerpo de sensaciones, en sucesivas capas, con sutileza, hasta que estas se fueron comprimiendo y Pau se quedó sin aire.


-No puedo, no puedo más...


-Espera…- Pedro deslizó un dedo dentro de ella.


Un relámpago de alivio rasgó los velos.


Acaricio su tembloroso cuerpo con los labios y usó la boca para destrozarla. Pau se elevaba y descendía. Rápido, muy rápido. Una sensación sucedió a otra, hasta que todo se diluyó en sombras, luces y movimientos salvajes. Un mar de sensaciones la inundó, una tempestad se desencadenó llevándola a la desesperación, truncándose con el siguiente oleaje.


Cuando al final Pedro se adentro en ella, ambos gimieron a la vez.


El cuerpo de Pau se arqueo hasta casi hacerle perder el escaso control que le quedaba.


Pedro contemplaba sus ojos, ahora sombríos, vidriosos, mientras los dos se volvían locos con sus largas y lentas embestidas. La sintió ascender, la vio ascender, y se impregnó de ella.


-Paula… Paula.- Se dejo llevar por sus ojos, por su cuerpo, hasta ahogarse.